05 febrero 2008

excesivo

Algunos dramas de Shakespeare son una espiral de juramentos, provocaciones y jactancias. Creo que, a veces, es muy consciente de esa verborrea y, cuando uno de sus personajes manda callar a otro, es como si el propio Shakespeare se mandase callar a sí mismo. A veces, sólo a veces, le mandaríamos callar de la misma manera:

There end thy brave, and turn thy face in peace;
We grant thou canst outscold us: fare thee well;
We hold our time too precious to be spent
With such a brabbler.

(The Life and Death of King John, V, II)

(Pon fin a tus bravatas y date la vuelta en paz. Admitimos que puedes excedernos en injurias: que te vaya bien. Nuestro tiempo es demasiado precioso para malgastarlo con un pendenciero como tú)

(La vida y la muerte del rey Juan, V, II)

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9 Comments:

Anonymous CB said...

Tienes razón, se mandaba callar a sí mismo o, como buen dramaturgo, cobraba afecto a sus personajes, porque tú imagínate a quien yo me sé en plena espiral electoral de provocaciones y jactancias (de juramentos no, que ellos no juran.
¿Quién tendría la templanza de mandarle callar con un "date la vuelta en paz"?
Lo menos de lo menos sería decirle "Pon fin a tus bravatas y lárgate bien lejos. Admitimos que puedes excedernos en injurias: así te parta un rayo".
Dos hombres bien templados, ese Shakespeare y tú.

06 febrero, 2008  
Blogger samsa777 said...

A veces, además de sufrir verborrea, es un absoluto tremendista, como en "Tito Andrónico". Pero creo que su desmesura es una fortuna para el lector, en la mayoría de las ocasiones: no en vano, de esa misma incontinencia nacen Hamlet y Yorick, Calibán y Yago.

Un beso.

06 febrero, 2008  
Blogger samsa777 said...

Posdata: además, siguiendo con la dicotomía que formulaste hace un par de semanas, esto demuestra la clarísima condición de "zorro" del de Stratford-upon-Avon.

Besos de nuevo.

06 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Yo, templado, no sé, Crista. Shakespeare, sí, pero cuando quiere. Creo, de todas formas, que aquélla era una época más dada a las fanfarronerías (callejeras o no), y algo de eso (transformado por el arte) se transparenta en los diálogos de Shakespeare. En el Quijote también hay cierta incontinencia verbal a la hora de los desafíos. Se ve que había un público al que le gustaban esas cosas.

06 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

¡Y tanto que es una fortuna, Francisco! Creo que sólo he escrito dos veces en mi vida sobre Shakespeare. Desde luego, con ésta me muestro muy desagradecido, porque son innumerables las cosas de provecho que me ha proporcionado su lectura.

06 febrero, 2008  
Anonymous Boscán said...

Está bien que Shakespeare incurra en errores, se pierda en bravatas o peque de tremendista; como cuando Mozart o Velázquez dan un tropezón. Si no, estaríamos tentados de pensar que esos señores no era de nuestra raza, y podríamos degenerar en adoradores de una nueva forma de dioses. De todos modos, lo que sí hay en Shakespeare es una imparable evolución hacia lo magnífico, y sus últimas tragedias son, en mi humilde opinión, la perfección dramátia, poética y psicológica. No es que sea anglófilo, pero ¿qué otra cultura puede disponer de un Hamlet, un Macbeth o un Rey Lear? Aun sin imperio británico o cine americano serían cimas de la creación humana.

06 febrero, 2008  
Blogger Juan Antonio, el.profe said...

Esta versión shakesperiana del "por qué no te callas" tiene su encanto. Bromas aprte, no es una excepción en el teatro de la época. Bien mirado, a ese teatro le quitamos el verso y las bravatas y deja de tener éxito de público. Y así nos encajamos en el siglo XXI (teatro sin juramentos, teatro sin verso... ¿teatro sin público?)

06 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Estoy de acuerdo, Boscán. Incluso se podría decir que Shakespeare es una cultura en sí mismo. Cuando alcanza la perfección, sólo puedo leerlo a pequeñas dosis, porque no dejo de dar vueltas y vueltas a lo que dice. En los dramas menores (por llamarlos de alguna manera), me impaciento, porque nos ha acostumbrado a demasiada grandeza.

07 febrero, 2008  
Anonymous julio said...

Es así, Juan Antonio. El teatro, primero, perdió el verso; a continuación, la palabra bien dicha; luego, sin más, la palabra.

07 febrero, 2008  

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