28 enero 2008

poesía y verdad 1

No creo que sea cierto aquello de Coleridge de que la poesía nos vuelve sensibles hacia los sentimientos artificiales y nos endurece ante los verdaderos; sobre todo, no creo que sea cierto esto último. Tampoco creo que la poesía y la frecuentación de las diversas artes nos mejoren moralmente. De lo que no tengo duda es de que la poesía ha modificado la forma y la intensidad de los sentimientos de muchísimas personas a lo largo de los siglos. Puede que, después de la elegía latina, de la poesía provenzal y del petrarquismo, el amor, en lo sustancial, no haya cambiado, pero sí lo ha hecho la manera que muchos tenemos de sentirlo y representárnoslo. La poesía, en este caso, nos ha enseñado a poner orden en los escenarios del alma y también a gozar especialmente con nuestra propia desgracia. Quizá también haya dirigido nuestra mirada, con más frecuencia de la recomendable, hacia el yo, hacia ese yo que necesita sentir continuamente que siente; pero en esto, sea bueno o malo, no hay nada de artificial.

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17 Comments:

Anonymous esta vez... said...

...sin dudas.

Hermoso, lúcido y certero. De acuerdo de la primera a la última letra.

28 enero, 2008  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Suscribo todo lo que dices. Y si me permites (y me disculpas) reincidir con Safo, recuerdo una frase de D. Manuel Fernández Galiano, que de cía que Safo había descubierto el amor para occidente. "Descubrir" me parece un verbo cargado de intención. Por otra parte, creo que un poema se hace para ser leído o escuchado. Ese "lector posible" de que hablaba Guillén. Si el auditorio no encuentra su propia vida en un poema, si no se reconoce y hace el poema suyo, entonces el poema será un vano ejercicio de ideoglosia.

28 enero, 2008  
Anonymous ana said...

hacia ese yo que necesita sentir continuamente que siente;

es precioso

28 enero, 2008  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Discúlpame, Julio, la errata (o errancia) etimológica en mi anterior comentario. Quise decir, evidentemente, "idIoglosia"

28 enero, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Perdona, Julio (aunque sé que a ti no te importa), que insista tan a diario, pero es que cada vez que leo alguna entrada tuya, me dan ganas de continuar una charla de aquéllas de "cervezas y melancolías anticipadas" por Rosales, por Goya, por el “Costa Verde”...

No voy a decir nada, sólo aplaudir… Sobre todo ese “nos ha enseñado a poner orden en los escenarios del alma”, o el otro “hacia ese yo que necesita sentir continuamente que siente”. Y ya que estoy, de Juan Manuel, “creo que un poema se hace para ser leído o escuchado”. Así que, para mí, está dicho todo.

28 enero, 2008  
Anonymous julio said...

Gracias, Esta Vez, y no sólo esta vez, Dudas, porque las dudas también son de agradecer.

29 enero, 2008  
Anonymous julio said...

Tendría que haber empezado por Safo, Juan Manuel, y no por la elegía latina, porque la hipérbole del profesor Fernández Galiano contiene una gran dosis de verdad.

29 enero, 2008  
Anonymous julio said...

Gracias, Ana. Preciosos son vuestos comentarios.

29 enero, 2008  
Anonymous julio said...

¡Claro que no me importa, Antonio! Y no sólo eran melancolía anticipada esas charlas. En ellas, aprendía de tu inteligencia, de tu cultura y de tu intensa manera de sentir las cosas. Como ahora.

29 enero, 2008  
Anonymous boscán said...

Tocas varios temas, y todos apasionantes. Me quedo con dos: ¿la poesía (o el arte) no nos hace mejores, moralmente mejores? y ¿se centra el poeta demasiado en el yo en detrimento del ser amado? Permítaseme una afirmación indemostrable: la poesía, como la música o el arte en general, nos hace mejores mientras dura. Luego, no lo sé. Tal vez su poder se extinga con su presencia. Aunque quien tuvo retuvo, y no puede ser moralmente reprobable quien actúa recordando la música de unos versos.
La segunda pregunta tal vez sea engañosa. Si la poesía escribiera sobre el tú y no sobre el yo, sería novela.

29 enero, 2008  
Blogger Jesús Beades said...

La frase que destaca Ana me ha parecido la esencia de una posible poética, escrita desde la perspectiva vocacional del poeta: ¿para qué escribo? Par sentir, un rato al menos, que siento.

30 enero, 2008  
Blogger Juan Antonio, el.profe said...

Totalmente de acuerdo; me gusta mucho ese "gozar especialmente con nuestra propia desgracia". Esta idea ha dado grandes versos a lo largo de la historia, dede "el mar amado, el mar apetecido / el mar, el mar y no pensar en nada" de Manuel a "cómo pudo ser tan hermoso y tan triste", de Gimferrer, por destacar sólo un par de ejemplos, de muy distinta procedencia. Lo cual da idea de su universalidad.

30 enero, 2008  
Anonymous cb said...

No soy quien para decir nada, que yo no soy poeta y todos los comentaristas es evidente que sí lo son, pero apunto sólo como posibilidad -vosotros lo tendréis más claro- dos cosas:
Quizá el poeta siente más, pero sufre menos, por esa capacidad suya de transmutar el sufrimiento en poesía.
En mi ayuda me traigo al poeta brasileño Mario Quintana, que, en la preciosa edición preparada por nuestro querido Enrique GªMáiquez, dice "El sufrimiento de los poetas es muy relativo. Pues si un poeta consigue un día expresar sus dolores con toda felicidad, ¿cómo podría ser infeliz? Que el viejo Camoens lo diga con sus inmortales penas de amor. ¡Sus felices penas de amor!"
Y seguramente los momentos de creación son momentos de gran intensidad sufriente, pero supongo que también lo son catárticos: Sufrimiento expresado, sufrimiento archivado, o casi. Si con los sentimientos amorosos pasa algo similar, o si la poesía puede llegar a interponerse o mediatizar la relación con la amada, que de algún modo se ve sustituída por la criatura poética, no tengo ni idea, vosotros sabréis mejor.

Y en segundo lugar, sobre las relaciones entre poesía, o el arte en general, y moralidad habría mucho que hablar. Es muy original lo que dice Boscán, pero incluso limitándonos al momento en el que la poesía o el arte hace su presencia, siempre habrá que observar qué es lo que se presenta, quizá nos hace mejores poetas o mejores artistas, pero pienso que no necesariamente mejores personas.

30 enero, 2008  
Anonymous julio said...

Tampoco es que nos hagan peores, Boscán. Aunque en algunos casos puede que hasta así sea. ¿Somos mejores mientras duran? No sé. Pueden ayudarnos en un sentido o en otro. Más conscientes, sí, porque siempre nos obligan a interrogarnos sobre nosotros mismos. Y eso, bien mirado, podría ofrecernos a la larga una posibilidad de mejora. En cuanto al yo y al tú, tienes razón. Ese tú, aunque sea un tú verdaderamente amado, nunca aparece realmente en la poesía. A lo más, su exterioridad o lo puramente imaginado.

30 enero, 2008  
Anonymous julio said...

Es así, Jesús, y me atrevería a decir que la lectura nunca podría desempeñar exactamente la misma función.

30 enero, 2008  
Anonymous julio said...

Creo, además, Juan Antonio, que sin ese gozo difícilmente existiría la poesía. Enlazando con lo que decían Ana y Jesús, se trata del gozo de sentir que sentimos.

30 enero, 2008  
Anonymous julio said...

No creo en absoluto que el poeta sufra menos, Crista, ni que la expresión del sufrimiento en el poema suponga la supresión posterior de éste. Prueba de ello es que los sufrimientos, casi siempre los mismos, reaparecen en los siguientes poemas. Respecto a la amada real y a la criatura poética, creo que no hay tal sustitución. Lo que ocurre es que, al cabo, son los efectos de ella, de la amada real, en la interioridad del poeta los que acaban pesando más en el poema. Por eso, aquélla puede parecer sin más un motivo. Pero los efectos reales sólo pueden tener causas reales.

30 enero, 2008  

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