22 enero 2008

moderno y trágico

Dice Alain Finkielkraut (Nous autres, modernes, 2005): “Una venerable tradición ha convertido la palabra clásico en antónimo de moderno, pero es entre moderno y trágico donde reside la verdadera alternativa existencial.” Si a moderno le oponemos tradicional, conservador o incluso antimoderno, no salimos en el fondo del juego que propone la misma modernidad; seguimos atrapados en su tramposa dialéctica. Trágico puede valer, o cualquier otro adjetivo que nos recuerde que aquí se trata de algo muy serio; esto es, de la conciencia de vivir y sufrir en un nuevo valle de lágrimas, en el que la despiadada, la irresponsable razón que no llora, ha decidido que la historia tiene un sentido y, si no, habrá que dárselo al precio que sea. Del “don de lágrimas”, que pedía para sí san Luis, habla también Finkielkraut.

Etiquetas: ,

6 Comments:

Blogger Rocío Arana said...

el don de lágrimas que pedía San Luis... qué hermoso.

23 enero, 2008  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Prefiero cualquier calificativo a “moderno”. Cuanto más distante, mejor. Ya sabemos que lo moderno acarrea luego el espurio arrepentimiento de lo posmoderno, y el masoquismo de una razón que se mordió las uñas hasta los dedos; y ahora sólo dispone de unas “porras” carnosas con las que intenta provocar lástima y agitar (?) conciencias. “Trágico” está bien, casi perfecto, aunque le falta, como tú apuntas, como aplaude Rocío, el “don de lágrimas”.

23 enero, 2008  
Anonymous El amigo de Kierkegaard said...

Lo escribo de memoria, pero recuerdo que Evelyn Waugh explicaba su conversión diciendo: "Lloré y creí. Eso fue todo". No creo que sea necesario decir más.

23 enero, 2008  
Anonymous julio said...

Coincidencia en el "don de lágrimas". La modernidad no llora, a no ser por histeria.

23 enero, 2008  
Anonymous Anónimo said...

Buen colirio esas eternas lágrimas, siempre saladas, más no siempre amargas.

24 enero, 2008  
Blogger Counter-Revolutionary said...

Reivindico el término antimoderno, pero antimoderno entendido como trágico. De hecho, creo que, frente al reaccionario que está resentido, y al progresista que está frustrado, el único carácter trágico es el del antimoderno, el hijo de la modernidad que sabe que la modernidad acabó con algunos principios y realidades valiosas, que se opone a su marcha rauda, acelerada y triunfal, que sabe que no hay un ayer al que volver, pero no cree en el futuro y ve el presente como un largo crepúsculo.

31 enero, 2008  

Publicar un comentario en la entrada

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home