27 noviembre 2007

péguy y bloy

Cuando leo en Remy de Gourmont que “el genio de Léon Bloy es teológico y rabelesiano” y que “sus libros parecen redactados por Santo Tomás de Aquino en colaboración con Gargantúa” (Le livre des masques, 1896-1898), sonrío por la opinión brillante y superficial de un crítico que, en ese momento, no se resiste a la tentación de ser ingenioso. Sin embargo, la respuesta de Charles Péguy a un jovencísimo Stanislas Fumet, cuando éste le pregunta qué piensa de Léon Bloy, no me parece en absoluto banal: “Léon Bloy, Huysmans y el otro, Barbey d’Aurevilly, me resultan antipáticos. Para mí son unos pornógrafos.”

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26 noviembre 2007

el alma en juego

El juego, las matemáticas, la poesía, el sentimiento religioso... Todas estas cosas, de distinta importancia y naturaleza, tienen algo que ver entre sí; al menos, la inclinación a la mayoría de ellas, e incluso a las cuatro, se da a menudo en una misma persona. El juego y las matemáticas, evidentemente, están emparentados; la poesía y el sentimiento religioso, también. Hay un nexo entre las matemáticas y la poesía y, aunque más difícil de explicar, creo que hay otro entre el juego y el sentimiento religioso. Dos de los espíritus más apasionadamente religiosos de todos los tiempos han amado el juego; uno, Pascal, con cierta distancia; otro, Dostoyevski, hasta la enfermedad.

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23 noviembre 2007

deuda

La jarcha que, entre otras transcripciones, tiene estas dos: "¿Ki tuelle me ma alma? / ¿Ki kere ma alma?" y "¡Ke tuelle me ma ‘alma! / ¡Ke kità me ma ‘alma?" (García Gómez); y que, entre muchas interpretaciones, puede tener también estas otras dos: "¿Quién me quita el alma? / ¿Quién quiere mi alma?" (García Gómez y Galmés de Fuentes) y "¡Que me quita el alma! / ¡Que me arrebata mi alma!" o "¡Que se me va mi alma!" (García Gómez), es, para mí, una de las piezas más emotivas de la literatura romance. Prácticamente, la poesía española empieza en los labios de esa doncella que ve angustiada cómo se aleja su alma; de esa doncella que acaba de descubrir que la contrapartida de amar es perder el alma. En 2000, compuse este poema, en el que resuenan, voluntariamente, esos versos tan antiguos, tan de siempre, tan verdaderos:

Me has arrancado el alma: ya no es mía.
Y, desde que no es mía, mi alma vive.
Era un lugar equivocado y pobre
como los sitios donde no me viste.
Si lo terrible debe ser hermoso,
no era terrible porque no era hermosa.
Dije que las trincheras la cruzaban,
pero no había luz ni ruido en ella
y un campo de batalla es luz y ruido.
Podía ser un páramo, un fragmento
desolado de tiempo o la tristeza,
pero en esos espacios hay sentido
y orden e incluso vida vigorosa.
Y mi alma era lo menos o la nada,
no la torre caída, ni el pantano
donde nunca hubo torres, sino menos,
un no del que no puedo decir nada.
(de Entre el muro y el foso, 2007)

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20 noviembre 2007

la verdad y la paz

“La paix, la paix enfin, que l'on trouble, et qu'on aime,
est préférable encore à la vérité même.”

Éste es el último ripio de los más de doscientos que contiene el poema La religion naturelle. Con razón decía Baudelaire que su autor, Voltaire, era un perezoso. Lógicamente, me ha venido a la memoria aquello de Unamuno, que expresa todo lo contrario: “Primero la verdad que la paz”, y me he preguntado por qué aparecen tan a menudo relacionadas, cuando no tienen nada que ver; por qué hay que elegir entre una y otra, cuando la verdad, si lo es de verdad, sobrevive a la guerra y a la paz; cuando la paz, que es paz si es imperturbable, no puede ser perturbada ni por la verdad; por qué se insinúa, en resumidas cuentas, que la guerra puede ser la verdad.

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16 noviembre 2007

la oración nocturna

“L’homme qui fait sa prière, le soir, est un capitaine qui pose des sentinelles. Il peut dormir.” (Charles Baudelaire, Mon coeur mis à nu: journal intime). La oración antes del sueño, antes de quedar inermes. ¿Qué vigilan y protegen esos centinelas? ¿El alma o el cuerpo? ¿El alma, que no tendría otra oportunidad, o el cuerpo, que, sólo despierto, desafía a la Providencia? ¿Es confesión y confianza o supersticioso escudo y petición de tregua?

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11 noviembre 2007

madonna de bellini

(...)
Y siento que es inextinguible el alma;
hasta las lágrimas lo siento a veces,
como en santa maria la gloriosa
cuando la dulce madre me esperaba
después de estar oculto tanto tiempo
bajo el abstracto e imperdonable frío.
(...)
Un espacio vacío, iconoclasta:
sólo malvivo en sitios diferentes,
y, sin embargo, sé que alguna imagen
guarda la luz y el oro verdaderos.
(...)

(de Milán. Paseo de la Habana, 2005-Mutuelleville, 2007)

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08 noviembre 2007

el sentido del después

La historia, esa confusión. Imposible no sentirla y, a la vez, no ver que se nos escapa, que casi todo en ella se nos escapa, igual que cuando tratamos de evocar la voz y los gestos de las personas que amamos. Todo en ella es para nosotros, pero nosotros no lo queremos todo. Aun así, escuchamos el relato que contradice nuestra pasión, igual que aceptamos oír lo que nunca quisiéramos haber oído de las personas que amamos. Será porque el amor irrumpió en ella en un momento preciso y para siempre; el amor y el sentido del dolor. Será por ce besoin sourd d’être plus malhereux.

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05 noviembre 2007

geometría y misterio

“Poètes, ils ne l’étaient pas. Leurs oreilles étaient fermées à l’éclat, à la douceur des mots, et leur âme avait perdu le sens du mystère. Ils inondaient tout le réel d’une lumière implacable, et ils voulaient que leurs effusions même fussent ordonnées et claires. Si la poésie est une prière, ils ne priaient pas; si elle est tentative pour arriver à l’ineffable, ils niaient l’ineffable; si elle est hésitation entre la musique et le sens, ils n’hésitaient jamais. Ils ne voulaient que démonstrations et théorèmes; quand ils faisaient des vers, c’était pour y enfermer leur esprit géométri­que.” Paul Hazard, en La crise de la conscience européenne (1935), caracteriza así a los hombres que, entre 1680 y 1715 más o menos, preparaban los caminos de la Ilustración. “No eran poetas. Sus oídos estaban cerrados al resplandor y a la dulzura de las palabras, y su alma había perdido el sentido del misterio. Inundaban con una luz implacable toda la realidad e incluso pretendían que sus efusiones fueran claras y ordenadas.” Tal vez Hazard proyecte aquí una idea exclusivamente contemporánea de la poesía o, tal vez, una idea idealizada en exceso. Sea como fuere, le acompañamos. “Si la poesía es una plegaria, un rezo, ellos no rezaban; si es un intento de alcanzar lo inefable, ellos negaban lo inefable; si es duda, vacilación entre la música y el sentido, ellos no dudaban jamás.” Enérgica defensa de un género y, a la vez, despiadado ajuste de cuentas con unos hombres de espíritu geométrico, que sólo tenían ojos y oídos para demostraciones y teoremas.

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