26 noviembre 2007

el alma en juego

El juego, las matemáticas, la poesía, el sentimiento religioso... Todas estas cosas, de distinta importancia y naturaleza, tienen algo que ver entre sí; al menos, la inclinación a la mayoría de ellas, e incluso a las cuatro, se da a menudo en una misma persona. El juego y las matemáticas, evidentemente, están emparentados; la poesía y el sentimiento religioso, también. Hay un nexo entre las matemáticas y la poesía y, aunque más difícil de explicar, creo que hay otro entre el juego y el sentimiento religioso. Dos de los espíritus más apasionadamente religiosos de todos los tiempos han amado el juego; uno, Pascal, con cierta distancia; otro, Dostoyevski, hasta la enfermedad.

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8 Comments:

Blogger FPC said...

Lo que dices del juego y el sentimiento religioso me recuerda a la lectura de Huizinga. El homo ludens no puede desprenderse del ritual, del acercamiento a un modus operandi que es el único que oficia como productor de la catarsis del juego. Hacer trampas, por ejemplo, o saltarse pasos, estropea el ritual lúdico como también el proceder sin pautas en lo religioso. Me pregunto si además de la catarsis, el propio sentido lúdico o religioso no se basa "solamente" en ello. O dicho de otro modo: si la forma es inherente a ambos aspectos de la vida por ser sólo forma, sin contenido. Me parece que, respecto a lo religioso, Feuerbach iba por ahí. ¿O no?
Saludos y gracias por plantear una reflexión honda.

26 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Es muy interesante la alusión a las trampas, fpc. No sólo contradicen el ritual. Para mí, son un claro ejemplo de la desactivación de la conciencia.

26 noviembre, 2007  
Blogger samsa777 said...

¿Y entre todos ellos y el ajedrez? Qué hermosa variable la que introduce fpc...

26 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

El ajedrez, Francisco, quedaría más cerca de las matemáticas. Es imposible hacer trampas en el ajedrez. Un jugador puede hacer un movimiento incorrecto; pero, si su rival no lo advierte, es que no conoce las reglas, y, si uno de los dos no conoce las reglas, resulta imposible el juego (o es pura farsa).

26 noviembre, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Esto da para mucho. Para muchísimo, diría. ¡Y mira que me coges con pereza literaria, como sabes! Me quedaré con la relación “más difícil de explicar”, como dices, que, aparte de la interesante referencia de Fpc a las “trampas”, a mí me plantea otro problema, no tanto de relación, como de absorción. Me refiero a la “religiosidad” del juego.
El “homo ludens” de Huizinga, a fin de cuentas, es “pretécnico” (cuánta palabrota medio inventada). Por entonces, la técnica fluctuaba entre la hostilidad y la peligrosidad inminente (¡qué cerca la “guerra fría”, y el terror de la amenaza nuclear!). Todavía no se había calzado la piel de serpiente para vender realidades que no lo son, para absorber proyectos que no lo serán, para anegar incautos que sucumbirán a su ficción. Esa negación del mundo real y su sustitución por mundos “virtuales” anda, hoy por hoy, poniendo entre los más jóvenes unos huevos de peligrosísima “alienación”, dicho sea al estilo de las críticas decimonónicas hacia el sentimiento religioso. El carácter lúdico de la cultura empieza a ser conflictivo, sobre todo frente a quienes no han llegado a esa conclusión. Y entre nosotros, inquietante (la palabra “katana” –asesino de– tiene ecos de esta inquietud). Cuando el juego ofrece realidades más satisfactorias, más obligantes, más seductoras, más plenificantes, más armonizadas, más “creíbles” que la “vulgar realidad”… el juego se convierte en religión, en su sentido más negativo.
Y algo empieza a oler “raro” en Dinamarca.

26 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

No tenía presente ese tipo de juego, Antonio, y es bueno que me lo recuerdes. Opino de él lo mismo que de buena parte de la llamada literatura fantástica (vienen a ser la misma alienación, por emplear tu término, y tienen parecido origen, cuando no idéntico).

26 noviembre, 2007  
Anonymous Boscán said...

Llevo un buen rato pensando en los cuatro lados de la figura, pero no he sido capaz de entenderla del todo hasta que no he echado mano de la música. Con ella me es más fácil pasar de la matemática y el juego a la poesía y la religión. Es el camino de Pitágoras y (otra vez) Bach. Pero, fpc, estos cuatro conceptos (o cinco si metemos la música) no me sirven como rituales: son formas que sólo tienen sentido si se les dota de contenido. Las estructuras sirven cuando uno se olvida de ellas y se deja llevar por el juego, la poesía, la fórmula matemática, la melodía o la intuición de Dios.

26 noviembre, 2007  
Anonymous julio said...

Bien traída la música, Boscán, que, en resumidas cuentas, participa de las cuatro cosas y, como dices, nos ayuda a pasar de una a otra. Y es cierto: todas ellas son formas que exigen un contenido.

P.S.: Pensaba ahora en Góngora, otro jugador obsesivo. Juego, música, poesía, pero no sé si sentimiento religioso.

26 noviembre, 2007  

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