01 octubre 2007

más cuestiones naturales

Los hombres, para sobrevivir y porque son hombres, han ido creando zonas de vacío, zonas inmunes. Unas fortalezas, que son las ciudades, y una tierra de nadie, los campos de cultivo. Éstas son sus dos murallas. Más allá de ellas, la inagotable zona monstruosa, que amenaza siempre, que nunca está lo suficientemente reducida ni apartada. Allí donde los hombres no han trazado bien esas fronteras o allí donde han construido hogares equivocados, la astucia de la vida y el poder geológico acaban por destruirlos. La tensión de la vigilia sólo puede mantenerse durante un tiempo determinado; de ahí la necesidad de que esa zona esterilizada sea cada vez mayor, de que sus límites estén cada vez más lejos de un centro físico o espiritual, que siempre seremos cada uno de nosotros. La plaga de insectos que arruina las cosechas y la serpiente que penetra en la escuálida choza son metáforas de los peligros que amenazan las últimas fronteras, las fronteras interiores: el campo de cultivo, el campo civilizado que debe separar a un hombre de otro hombre, y la ciudadela última, la del alma, cuya caída supone el triunfo definitivo de la vida sin objeto.

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14 Comments:

Anonymous alfredo rodriguez said...

Luego están también las murallas interiores, las que ha construido cada hombre que es en verdad poeta. Siempre he pensado que un poeta va construyendo poco a poco una muralla interior. Su vida está repleta de propósitos que son adoptados en momentos de desesperación. Cuanto más aislado se halla en sus versos más generosa le es la inspiración del virtuoso, y más lejos quedan las plagas y las serpientes.

01 octubre, 2007  
Blogger samsa777 said...

A mí me gusta darles esta explicación a mis alumnos: el bosque es oscuro e indomable; ¿qué crea la Edad Media contra él? La roturación en el campo y la luminosidad del gótico en las ciudades.

Las catedrales son el bosque dominado. El cereal es terreno ganado al viento.

01 octubre, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Me haces pensar en Europa, no en la tuya en este caso, sino en la otra; esa que está ahí, como asustada y descreída, vaciándose, desperdiciándose, arrepintiéndose incluso de haber sido brújula del tiempo durante más de dos mil años. Me haces pensar en la “ciudadela” de su “alma” arrinconada; en su “vida sin objeto”, mendigando identidades que no le corresponden, disolviéndose en necios sofismas, negándose cristiana; sin “campos de cultivo”, rodeada de eriales, pidiendo perdón desde valores que nunca hubieran sido tales en el mundo si la fe que la hizo no hubiera sido esa fe de que ahora quiere olvidarse. Y me pone de mal humor este pensamiento.
Pero ya sabes que soy un paranoico.

01 octubre, 2007  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Y sin embargo el bosque (mejor el monte) representa la atracción del misterio y la invención de los caminos, la aventura frente al hogar, como quería Yeats en sus crepúsculos celtas.

01 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

Pero esa muralla, Alfredo, debe permitir el paso del aire renovado.

02 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

Es una explicación poética y acertada, Francisco.

02 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

De paranoico, nada, Antonio. Una de las peores consecuencias de ese proceso es que nos priva del campo civilizado común.

02 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

Esos caminos, Juan Manuel, hacen que el bosque ya no sea del todo bosque. Lo cortan. Son avanzadillas de la civilización. Tienen un objetivo. Como lo tienen los caminos invisibles del mar.

02 octubre, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

"el triunfo definitivo de la vida sin objeto." Me da -y me dará- que pensar.

03 octubre, 2007  
Blogger Counter-Revolutionary said...

Por eso es tan grave la escisión entre la ciudad y el campo. El hombre vive en la ciudad, pero la ciudad lleva un ritmo rápido, que constriñe al hombre, que no es humano, y que se asienta sobre el reino de la cantidad. Por eso el hombre necesita poder salir de la ciudad. Pero hoy se da un fenómeno, o dos, que paradójicamente son opuestos, pero interdependientes. Por una parte, la escisión dicha, que la gente ya no conozca los pájaros, ni las plantas, ni los árboles. La gente vive ajena a lo que le rodea. Por otra, la dominación de la ciudad sobre el campo, que ha quedado en una extensión de la misma. Así pues, ya sólo queda el frenesí, el humo de la fábrica, que son los que han logrado esta escisión, fuera del tradicional dualismo, dualismo necesario, entre la ciudad tradicional, ámbito de convivencia, de comercio -con lo que tiene de trato- y el campo.

03 octubre, 2007  
Anonymous CB said...

"El campo civilizado", que debe acercar a un hombre a otro hombre. "La ciudadela", que no es lugar de aislamiento y encierro sino comunidad de lazos, de relaciones, de entrega y de sentido. "El alma" encendida, la que sale a iluminar la vida oscura y sin objeto, la que se hace fuerte por su asiento y no por las murallas.
Junto a los campos roturados y las catedrales góticas, como tan hermosamente dice Samsa, señalando ese cruce de horizontalidad y verticalidad característico de la Edad Media, aparecen también los frailes mendicantes, como Francisco de Asís, como Domingo de Guzmán, que abandonan los monasterios y se echan a los caminos: El alma no se amuralla.

"...y cómo los mismos caminos de la tierra parecen temblar debajo de los pies del nuevo e innombrado ejército: la Marcha de los Mendigos (...) Hubo muchas ciudades que casi se fortificaban contra ellos y muchos centinelas de la propiedad realmente ladraron cuando aquellos mendigos pasaron; pero más alto era el canto de los mendigos que cantaban su Canción al Sol, y más clamoroso el aullido de los chacales del cielo; los Dominicanes del chiste medieval, los perros de Dios" (Sto.Tomás de Aquino, G.K.Ch.)

03 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

Y lo malo, Jesús, es que acaba triunfando casi siempre.

04 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

Ese dualismo de que hablas al final, José Luis, representaría el equilibrio perfecto; pero tal vez se trata de una imagen idealizada, de algo que, realmente, nunca existió.

04 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

Esos "dominicanes", Crista, quizá no tenían un alma amurallada, pero sí un alma sólida (y no es oxímoron).

04 octubre, 2007  

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