04 octubre 2007

lo que fue y no he visto

A propósito de ciudades, campos de cultivo y naturaleza amenazante, me vino a la imaginación la vida en un espacio determinado (éste) y en una época precisa (el siglo IV d. C.); es decir, me puse a pensar en qué percepciones tendría de su entorno un hombre cualquiera del África Romana en las décadas inmediatamente anteriores a la invasión de los vándalos. En seguida, pasé a centrarme, por razones obvias, en un hombre concreto: San Agustín. Hace meses ya me preguntaba, pasando por Dougga, si, en su trayecto hacia Cartago, vería San Agustín esa ciudad deslumbrante; pensé cómo sería entonces Dougga e intenté ponerme en la mirada de aquel adolescente. En ésas estaba mientras hacía la compra en un gran supermercado de las afueras de Túnez. Me acerqué a la sección de libros, siempre poco prometedora en estos sitios, y, como nada es azar, apareció ante mis ojos La vie de Saint Augustin, versión francesa del Augustine of Hippo. A Biography, el clásico de Peter Brown, uno de esos libros fundamentales cuya lectura hemos postergado y que siempre acaban encontrándonos. Sus primeros capítulos han puesto ante mis ojos aquella África y el alma y la mirada de ese hombre concreto. Han dado muchas respuestas a las vagas preguntas que me hacía, pero también han avivado aún más mi imaginación y el deseo de reconstruir dentro de mí, de la manera más exacta posible, lo que fue y no he visto.

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12 Comments:

Anonymous Antonio Azuaga said...

Buenos ojos eliges, amigo mío, ojos que vieron dos mundos, dos épocas, dos historias, “dos ciudades”. Ojos que armonizaron el pasado y el futuro, que nacieron de dos miradas, la una pagana y cristiana la otra. Ojos que vieron caer la antigüedad y se elevaron al cielo; que dieron asentamiento divino a las ideas platónicas; que se buscaron entre los hombres y se encontraron con los de Dios.
Buenos ojos y buen lugar, allí donde ese santo tan humanamente humano, tan de aquí, tan de nosotros, pobres pecadores, hizo digna a la razón de su más elevada estatura.
Buenos ojos y buen momento, otra vez entre dos mundos, dos épocas quizá, dos historias enemistadas.
Buenos ojos para mirar, desde tu exquisita inteligencia, nuevas caídas de imperios incansables, nuevos repuntes de la eterna “civitas”.
Seguiremos atentos a que nos cuentes esas miradas

04 octubre, 2007  
Blogger grande said...

La mirada es siempre ya pasado.

04 octubre, 2007  
Blogger Enrique Baltanás said...

Huuummm.... ¿aquella África o aquel África?
Gracias por la pista de Peter Brown.

05 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

No se puede decir mejor, Antonio. Ésa es la mirada de San Agustín y ésas son las épocas. Pero yo sólo sirvo para emocionarme con las cosas.

05 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

No sé, Grande. Lo mirado, al menos, es siempre presente.

05 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

"Aquella" siempre, Enrique, pero cada vez se emplea menos.

05 octubre, 2007  
Blogger grande said...

Lo visto se ha desvanecido, imperceptiblemente, una vez observado. Nuestros sentidos nos engañan. La ciudad en sí no existe, porque está en perpetuo cambio, condenada a extender y reducir sus límites, sus encrucijadas, su cartografía. El testimonio de un viajero no vale para los demás, es sólo una ficción, más o menos lograda.

GRANDE

05 octubre, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

...las campañas de mayo, sobre todo.

05 octubre, 2007  
Anonymous toi said...

uno no puede evitar preguntarse qué habría ocurrido, cómo sería hoy África, si el cristianismo, inmenso y determinante en aquella época en todo el norte de África en lugar de ser aplastado por el Islam, hubiera florecido, hasta hoy.
Es solo una elucubración-ficción.

07 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

Sin embargo, Grande, pese a la desfiguración y la subjetividad, tendríamos que pensar que las palabras preservan, al menos, un mínimo terreno de encuentro.

09 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

¡Las campañas, Jesús,
las campañas de mayo!

09 octubre, 2007  
Anonymous julio said...

El Imperio Bizantino, Toi, estaba militarmente debilitado (venía de una larga guerra con Persia) y el cristianismo (sobre todo, en el oriente del Mediterráneo) había pasado por crisis internas muy agudas. Fue, de todos modos, un lento deshacerse. En Egipto, tres o cuatro siglos después de la conquista, la mitad de la población todavía era cristiana. Aquí, en la antigua África de los romanos, hubo mayor resistencia al principio, pero después el proceso de asimilación fue más rápido. De más de doscientos obispados en el siglo VII, sólo quedaban uno o dos cuatrocientos años después. Da que pensar.

09 octubre, 2007  

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