18 agosto 2007

la salvación y el tiempo

Desde el punto de vista de la salvación, la acción posterior tiene siempre más peso que la acción anterior. Es lo que, al parecer, creemos. Hasta que llega el momento de la muerte, nada es irreparable. El arrepentimiento puede redimir una vida de pecado y la desesperación arruinar otra entregada al bien. Constatamos que el tiempo lo erosiona todo y, a la vez, le exigimos a nuestra alma que se perfeccione y sane a través de ese tiempo que todo lo enferma. Valoramos, pues, la excepción heroica y no condescendemos con la lógica de la degeneración. Si el mérito existe, sólo podemos encontrarlo a contracorriente. ¿Será verdaderamente así? Pienso en Tertuliano, antes campeón del bien y de la ortodoxia y, luego, obstinado hereje. ¿Qué peso tiene ese duradero antes dedicado al bien?

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40 Comments:

Anonymous jose luis gonzález said...

Quizás, aunque sea doloroso, sea cierto que, en una persona que degenera por el mal, la semilla ya se hallase cuando hacía el bien, aunque no la supiésemos ver.

18 agosto, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

No sólo “la salvación”, todo y siempre es así: el ciclista que sufre en solitario durante doscientos kilómetros y se ve alcanzado por el pelotón cuando ya divisa la meta, el administrador ejemplar durante años que un mal día cede a la tentación y comete un desfalco, el embarazo seguido y mimado durante meses que en el último momento se complica y destroza la previsión del amor... La vida prometedora y el accidente implacable; la vanidad de este mini-dios humano y su enorme insignificancia. Y todo ello porque el tiempo se escribe entre paréntesis, acota un antes y un después, un principio y un fin. La eternidad, sin embargo, no tiene paréntesis, no es tiempo, es “inconmesurable” con el tiempo. En éste, cada instante final es “todos los instantes precedentes” porque es el que los fija, el que los arranca de su discurso, el que los hace "eternidad". Por eso la muerte para el hombre es plenitud de esencia, producto acabado y definitivo. Y si al poner el tejado se me hunde la casa, es porque el edificio estaba mal levantado, pero si resiste, es una buena construcción que protege y cobija; por feos y burdos que sean sus muros, es un buen hogar.
No existe un banco para la vida donde nuestros actos produzcan intereses y garanticen una jubilación “post mortem”: cada acto último explica y se explica por todos los demás que le precedieron. Ésa es la “lógica”, pero de la “generación” según yo creo.

18 agosto, 2007  
Anonymous lámina said...

"ya no la quiero, es cierto,¡pero cuanto la quise!"
A lo mejor a Él le basta.

18 agosto, 2007  
Anonymous Anónimo said...

No estamos en el tiempo, somos el tiempo. No tenemos un cuerpo, somos nuestro cuerpo. Pero si podemos arrepentirnos eternamente, de lo que nada fuimos en ningún tiempo, y además a todos les será indiferente a perpetuidad.

18 agosto, 2007  
Anonymous jose luis gonzález said...

anónimo, me parece ver un trasfondo vitalista en esas afirmaciones, y el vitalismo nunca supuso mayor libertad

19 agosto, 2007  
Blogger Fidel Villegas said...

Un Padre de la Iglesia -¡cuánta desconocida sabiduría y hermosura de pensamiento hay en ellos!- decía que Cristo no se ha sometido al tiempo. Dios es Señor del tiempo. Quizás tal afirmación ilumine la cuestión natural planteada.
Pero hay otra luz: Dios es Padre y como tal nos ve, piensa en nosotros, ¿nos juzga? "Es" Padre. Es decir, "es" amor y misericordia.

19 agosto, 2007  
Anonymous jose luis gonzález said...

Papini dijo que, siendo tan grande la misericordia divina, había de alcanzar a salvar al mismo diablo, de modo que, si había infierno, este estaría totalmente vacío. Esta fue la tesis principal sobre la que escribió el libro "El diablo", que fue muy criticado en su época.

19 agosto, 2007  
Anonymous Néstor said...

Por eso me pareció siempre ejemplar el obstinado empeño de los santos, al luchar por la perfección a pesar de la marea del tiempo que lo erosiona todo.
Conforme con Fidel; me parece que debemos contar con la ayuda de un Dios que "es".

19 agosto, 2007  
Blogger Juan Ignacio said...

Coincido con los que dicen que en el bien anterior del que después termina mal hay algo que no era verdadero.

No estaba verdaderamente feliz de estar en la casa del Padre el que se pone furioso a la llegada del hijo pródigo, que se salva después de una vida completa de pecado.

Con o sin hijo pródigo, el que termina cayendo quizás hizo siempre el bien por una obligación vacía, no por una lógica de amor. Si lo hacía por amor, si sentía la felicidad del deber cumplido por amor, no sería ta fácil que caiga.

Hay más para pensar...

19 agosto, 2007  
Blogger samsa777 said...

Los humanos somos incapaces de proyectar a largo plazo. Por eso, tal vez, ni siquiera es la misma persona la que se levanta y cae en tiempos diferentes.

20 agosto, 2007  
Anonymous alfredo rodriguez said...

La cuestión que planteas yo no la veo sino como otra más de las paradojas o contradicciones en que incurre la moral católica en la que hemos sido educados. Este tema, los luteranos lo resolvieron de un modo más práctico: la persona no puede hacer nada para obtener su salvación (está predestinada según los calvinistas). Esa salvación la recibe como un don, al que únicamente puede corresponder con la fe.

21 agosto, 2007  
Anonymous cb said...

Lamento mucho venir a disentir, pero no puedo estar de acuerdo en que no sea verdadero bien el de aquél que luego acaba mal. No, al menos, en ese sentido: el de que el mal posterior cuestiona el bien anterior. Santo sólo es Dios, el hombre es pura mezcla, de pecados y debilidades y de disposición al bien. El bien, si lo es, es siempre verdadero, pero es el bien de una criatura caída; y el mal, si lo es, también es verdadero, pero es el mal de alguien que conserva la capacidad de remontar. Nuestros santos no se libraron de pecar. El rey David cometió adulterio y asesinato ¿Pone eso en cuestión la justicia y la bondad de su vida anterior? Pedro, después de decir "Señor, tú sabes que te amo", lo niega por tres veces ¿Acaso era falso su amor? Estoy segura de que su amor, como el de David, era verdadero, pero el amor coexiste con la debilidad y con la cobardía. La virtud y el amor, aun siendo auténticos, no son garantía de continuidad, sólo son garantía de lágrimas cuando se cae.

En cuanto a Tertuliano y esas cuestiones del antes y el después, qué sabemos... Los esquemas temporales son sólo nuestros, no de la eternidad. Tampoco creo que la salvación dependa del resultado de una media aritmética vital. Lo que mi corazón me dice es que siempre se nos dará una última oportunidad, que Dios no quiere la muerte de su criatura, sino que viva; que el Padre más compasivo, de quien procede toda compasión, el que tiene entrañas de misericordia, siempre nos ofrecerá la repesca y la posibilidad de responder a su amor, porque eso es lo que le llena de gozo.

Que habrá una oportunidad incluso después de la muerte. Eso es lo que mi corazón me dice. Que no es posible que todo se juegue al momento en que te sorprenda la muerte, yendo por la calle, en un accidente de tráfico, bien cargado de pecados, olvidado de Dios o sin haber tenido oportunidad de crecer, de convertirte, de conocerlo, de amarlo. Creo, con todo el corazón aunque no sé con cuánto de ortodoxia, que a todos se nos dará la misma oportunidad que a los dos ladrones crucificados junto a Jesús: la de verlo, inocente y justo, clavado en la cruz con su madre al pie, lleno de amor y perdón, y que en ese momento será cuando nos la jugaremos.

Como dice el Salmo 103:
El Señor es compasivo y clemente, paciente y misericordioso.
No está siempre pleiteando ni guarda rencor perpetuo...
Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre se estremece con sus hijos
así se enternece el Señor con sus fieles.
Pues él conoce nuestra condición
y se acuerda de que somos barro.

21 agosto, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Creo que se han mezclado demasiadas cosas, lo que me parece lleva a conclusiones equívocas. Simplificando:
1. Eternidad y temporalidad definen realidades absolutamente “inconmesurables”, mezclar una y otra es como medir la distancia en litros.
2. La esencia del hombre se hace necesariamente en el tiempo, lo “bueno” o “malo”, previo o anterior, importan y mucho (para mí, por lo menos), tanto en su intensidad como en su secuencia, en el ser humano y queda “definitivamente definido” en el momento de su muerte.
3. Respecto a la salvación “eterna”, aparte de la “inconmensurabilidad” del epíteto, naturalmente sólo me queda especular, aunque de una cosa estoy seguro: si yo soy capaz de amar a mis hijas por encima de mi juicio, indudablemente Dios lo hace muchísimo mejor y en mayor medida de lo que yo pueda hacerlo.

21 agosto, 2007  
Blogger Juan Ignacio said...

Ahora que lo pienso, las obras buenas del que luego ha hecho el mal sí tienen algún valor.

De hecho el mismo Tertuliano me ha instruido mucho con algunos fragmentos de su tratado de la oración. El bien lo hizo.

Pero quizás la clave para saber si le sirvió para una posible salvación la tienen solo él y Dios, porque la clave es que lo que hizo lo haya hecho con amor. Si no puede haber hecho obras magníficas, pero como dice San Pablo...

22 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

La tesis de Papini, José Luis, me recuerda otra de un monje ruso en los Karamazov. La salvación no sería tal si no incluyese todo el género humano e incluso al diablo; es decir, si el amor de Dios es infinito, infinitos han de ser sus efectos y universal el perdón.

22 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

La semilla de que habla José Luis, la eficaz imagen de la casa que se hunde en el comentario de Antonio y la parábola en el de Juan Ignacio tienen bastante en común. Dice Antonio que “cada acto último explica y se explica por todos los demás que le precedieron”. El después no puede estar vacío de antes. ¿Cómo iba a estarlo? Pero, y seguro que exagero, vuestros tres comentarios supeditan la valoración del bien anterior a la manifestación última del verdadero ser de la persona. De alguna forma, dejan ese bien en suspenso a la espera de la última acción, que lo confirmará o negará.

22 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Puede ser que baste con eso, Lámina. Volviendo a Dostoyevski y a cierta ortodoxia rusa, un solo acto de amor sincero y encendido sería suficiente; un solo instante de haber amado a nuestros hermanos y a Cristo en ellos.

22 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Estoy seguro de que no a todos les será indiferente, Anónimo.

22 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Bienvenido, Fidel. Es una alegría verte por aquí. ¡Y cuánta razón tienes! ¡Qué desconocidos los Padres! ¡Qué poco valoramos a veces su deslumbrante esfuerzo y su impagable sabiduría!

22 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Néstor, lo que dice Fidel y tú suscribes queda fuera de toda duda. Pero, si Él, como Padre, no nos juzga (aunque el Hijo juzgará a "vivos y muertos"), sí nos juzga nuestra conciencia (y es más, nos ayuda a juzgar). Quizá sea ella la que nos da esa visión de la salvación, hecha tal vez a la medida del hombre, pero inevitable.

22 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Pero eso puede llevarnos a un absoluto relativismo, Francisco, y a la irresponsabilidad. No podemos pensar que somos una serie de acciones inconexas.

22 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Alfredo, frente a la predestinación calvinista, el catolicismo proclama, sencillamente, el libre arbitrio, lo que supone reconocer la libertad del hombre y otorgar un papel decisivo a su voluntad; y, frente a la salvación sólo por la fe de los luteranos, el catolicismo cree en la importancia de las obras; es decir, en la respuesta activa que damos a la gracia. Es una visión más compleja de la economía de la salvación, pero también más rica y más humana.

22 agosto, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

Querido Julio, me veo compelido a decir alguna cosa, y el perfecto pie me lo ha dado CB, con su ejemplo de la negación de Pedro. El Pedro Roca, Mártir y primera Cabeza de la Iglesia, nace de ese ímpetu primero, de esa pasión por el Maestro, que le lleva a decir: tu omnia nosti, tu iscis quia amo te. El Pedro que se enfada, se exalta, y truena con voz propia en los evangelios, y que no entiende nada de los avisos de Jesús sobre su muerte. Sólo que ese amor se vuelve más real, renace, se transfigura, tras el Gólgota, tras la visión -que debió ser horripilante para Pedro, pero del todo necesaria- de la irrealidad de sus propias palabras, de la distancia enorme entre los impulsos de su corazón, y el resto de su persona y la realidad. Es decir, después de pasar por el fuego de la negación, el llanto, y la vuelta al regazo del Maestro. Pero la, digamos, cualidad, la "materia" de la que estaba hecho ese "Tú sabes que te amo" es la misma que el amor posterior, fortalecido y confirmado. Es como su germen.
Y pienso que la importancia del acto anterior queda supeditada al posterior, en un sentido. Por lo que tú mismo apuntas, Julio, sobre el libre arbitrio: nada es definitivo, si el hombre no lo quiere.

23 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Cuando escribí la entrada, Cristina, lo hice subrayando cuál es la perspectiva más común y, desde ella, me pregunté por el peso, por el valor de ese bien anterior. Es una pregunta a la que, irremediablemente, sólo podemos responder con conjeturas. Y esas conjeturas guardan relación con la idea y el sentimiento que cada uno tiene del amor y de la justicia.

24 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Antonio, creo que en los puntos segundo y tercero de tu comentario podemos encontrar la síntesis y también los límites de la cuestión planteada: somos conscientes de ser, de habernos hecho de una determinada manera, pero desconocemos el juicio de Dios, aunque su amor de Padre y la esperanza tienden a decirnos que ese juicio será menos inflexible que el nuestro. En cuanto al énfasis que pones en la "secuencia" (punto segundo), conjeturo que, igual que el bien siempre puede revocar el mal, sucedería lo mismo a la inversa.

24 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Juan Ignacio, sobre Tertuliano y su drama, ha hablado recientemente Benedicto XVI. Después de alabar la figura del teólogo africano, resumir sus aportaciones y subrayar su trascendencia, dice el Papa: "Con el paso del tiempo, se hizo cada vez más exigente con los cristianos. Pretendía de ellos en toda circunstancia, y sobre todo en las persecuciones, un comportamiento heroico. Rígido en sus posiciones, no ahorraba duras críticas y acabó inevitablemente aislándose. De hecho, hoy día quedan aún abiertas muchas cuestiones, no sólo sobre el pensamiento teológico y filosófico de Tertuliano, sino también sobre su actitud ante las instituciones políticas de la sociedad pagana. Esta gran personalidad moral e intelectual, este hombre que ha dado una contribución tan grande al pensamiento cristiano, me hace reflexionar mucho. Se ve que al final le falta la sencillez, la humildad para integrarse en la Iglesia, para aceptar sus debilidades, para ser tolerante con los demás y consigo mismo. Cuando sólo se ve el propio pensamiento en su grandeza, al final se pierde esta grandeza. La característica esencial de un gran teólogo es la humildad para estar con la Iglesia, para aceptar sus propias debilidades, pues sólo Dios es totalmente santo. Nosotros, sin embargo, siempre tenemos necesidad de perdón." (Audiencia General de 30 de mayo de 2007).

24 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Jesús, ¡bendito ese perfecto pie que te dio el comentario de Cristina, porque las líneas que escribes sobre San Pedro son muy hermosas!

24 agosto, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

“…En cuanto al énfasis que pones en la "secuencia" (punto segundo), conjeturo que, igual que el bien siempre puede revocar el mal, sucedería lo mismo a la inversa.”

En cuanto al “definitivamente definido”, que es racionalidad pura, sí; en cuanto a la “transracionalidad divina”, no tenemos ni la más remota idea.

24 agosto, 2007  
Anonymous toi said...

he empezado a leer los comentarios de esta entrada desde el primero, claro, dispuesto a ser deslumbrado porque cada vez que entro en este blog se me ocurren cosas que comentar, son temas apasionantes, llenos de belleza y bellezas por los resquicios de las palabras, pero me corto y me limito a disfrutarlos leyendo. Ya me lo avisó Hiperbeades, prospector de las profundidades, que si entraba en este blog me pasaría como en El Ángel Exterminador, que no iba a querer salir. Es un hecho. Pero, muy de vez en cuando leo cosillas que me chirrían un poco. Y agarro y la comento, con perdón, con humildad, sin ánimo de molestar ni generar polémica, que en las hogueras ajenas lo mejor es que las señales de humo sean comedidas, respetuosas... bueno, he aquí el motivo de mi escrito, ya demasiado largo:
En el primer comentario de José Luis Gonzalez, que habitualmente le he leido aquí cosas muy interesantes, pues que me parece que eso de la semilla no tiene mucha consistencia. Me explico....
¿de verdad se cree usted que cuando una persona toma, en un momento determinado la senda de la iniquidad habiendo sido persona de bien, de mucho bien, antes, se debe a una "semilla"?
¿No estará esa semilla en todas, todas, las almas?
Creo que es una explicación simplista y un poco maniquea. Hasta los mas grandísimos santos tienen la opción, de un segundo para el siguiente, para todos los siguientes, en volverse malo. Se llama libertad.
No creo que exista esa semilla a la que usted alude.
Nada mas. Espero no haber molestado ni ofendido a José Luis Gonzalez. Ni a usted en su casa.

Un saludo.

25 agosto, 2007  
Anonymous toi said...

Por cierto, ahora que te veo alrededor de esta hoguera, mi querido Fidel Villegas, acuérdate de esa conferencia sobre el arte y la belleza que Pedro Antonio Urbina nos dictó en el salón del Almirante del Alcázar y que promestiste mandarme... estoy seguro que ahora que tienes blog, o parece que empiezas a tenerlo, lo podrías poner ahí. Iba a echar humo en los comentarios.

25 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Toi, ¿cómo ibas a ofenderme? Todo lo contrario. Quien te está agradecido soy yo por el elogio que haces de las entradas y de los comentarios. Creo, además, muy positivo que haya variedad de puntos de vista (aquí y en todas partes) y que se dé pie al debate o, como mínimo, al diálogo.

P.S.: Vi tu Venecia en el blog de Jesús. Fue como estar allí.

27 agosto, 2007  
Blogger Counter-Revolutionary said...

Perdón la tardanza en mi respuesta, Toi. ¿Cómo podría ofenderme cuando una persona lee y debate sobre un comentario que he escrito? En absoluto. Pero creo que decimos lo mismo, y no nos sabemos entender. Por supuesto, creo que esa semilla esta en todos. Pero esa semilla, llámela posibilidad, es la libertad. La posibilidad de que obremos mal o bien en el futuro como manifestación de nuestra libertad. Lo maniqueo sería decir que esa semilla no existía, que una persona era enteramente buena, y ahora es enteramente mala. Esto, además, sería incomprensible ¿cómo pasar del bien absoluto al mal absoluto? Jose Luis González

31 agosto, 2007  
Anonymous toi said...

Perfecto.
Al final, y al principio, todo es uno, como oliva, olivo y aceituno.
Es cuesión semántica, pero como comentas, decimos lo mismo.

Gracias por vuestra amabilidad y por las respuestas.
Me alegro que te gustara el video, Julio. El mundo se divide en Venecia y el resto del planeta.

01 septiembre, 2007  
Anonymous Verónica said...

Preciosa entrada, y muy buenos todos los comentarios.

La verdad es que el caso de Tertuliano me ha hecho pensar (pero a la inversa) en Jean Paul Sartre, del que hemos sabido hace muy pocos años que escribió en su juventud un opúsculo, cuando se encontraba en un campo de prisioneros nazi allá por el año 40, dedicado a la figura de Cristo y al Misterio de la Encarnación. Lo hizo a petición de unos sacerdotes franceses, para ser representado en la noche de Navidad en el mismo campo y por los prisioneros. El mismo Sartre se reservó un papel, el del rey Baltasar, que juega decisivamente en la obra. Se titula "Barioná, el hijo del trueno", y es un prodigio de Verdad y de Belleza, sobre todo si se piensa que quien lo escribe sería con el pasar del tiempo el padre del existencialismo, que tanto influjo tendría en las generaciones posteriores.

Me asombra. Pero pienso que, dado que en Dios no hay tiempo, se le tendrá en cuenta. También, como a Cristina, me lo dice así el corazón.

05 septiembre, 2007  
Anonymous Verónica said...

Querido Julio, releyendo la entrada -¡cómo estoy disfrutando después de más de un mes retirada!-, pienso también en la necesidad de volver continuamente al paradójico "hacerse como niños" del Evangelio. Quizá la clave esté no tanto en hacer las cosas "bien" -eso también lo hacen los paganos-, sino en abandonarse confiadamente en los brazos del Padre, aunque nos muramos de viejos. En ese progresivo abandono y despojamiento está el secreto. Así, el salmista puede exclamar con razón que se dirige "al altar de Dios, del Dios que alegra mi juventud". La gran maestra de la "infancia espiritual" fue Santa Teresita de Lisieux, quien a pesar de su meliflua prosa decimonónica, fue declarada con todos los honores "Doctora de la Iglesia"; por algo sería. Y es que ésta es una ciencia difícil de adquirir, pues la vida tiende a complicarnos y a ponernos capas y más capas encima... (el peligro de la degeneración del que tú hablas).

05 septiembre, 2007  
Anonymous julio said...

Me alegra verte de nuevo por aquí, Verónica. No tenía noticia de esa obra de Sartre. Me he informado un poco por encima y, según parece, renegaba más bien de ella o, cuando menos, dejaba claro que la escribió en unas circunstancias muy precisas y con un determinado objetivo político. Y tienes razón, ¡qué sencilla y qué difícil de poner en práctica la ciencia de Teresa de Lisieux! La vida, como dices, nos va echando capas encima, y a eso lo llamamos aprendizaje y experiencia. De Santa Teresita, me gustan hasta sus poemas, quizá muy de época también, pero llenos de intensidad.

06 septiembre, 2007  
Anonymous Verónica said...

También yo tenía noticias de esa actitud despreciativa de Sarte hacia esta obra, que venía a considerar como un pecadillo de juventud. Tuve el privilegio de asistir a la primera representación de la obra en España, hecha por estudiantes universitarios (hace dos navidades), y fue emocionante. El texto tiene una fuerza dramática extraordinaria, y se vislumbra ya en ella al escritor genial, lleno de contradicciones, sincero y audaz. En concreto, tiene una de las descripciones más brillantes y sentidas del Nacimiento de Jesús que yo he visto/leído jamás.

Los vericuetos de la vida que condujeron al posterior ateísmo militante de su autor no los conocemos (algo nos cuenta en "Les mots"). En cualquier caso, es comprensible que el Sartre posterior, que gozaba ya del reconocimiento general del gran público como el inspirador del mayo del 68, que llegó a hacer loas a Stalin junto con su compañera Simone de Beauvoir, etc.etc. renegase de "Barioná". Lo contrario hubiera sido impensable. Tengo entendido que también sus seguidores se ocuparon de echar tierra sobre ella. No interesaba que esta obra se llegase a conocer.

En definitiva, no se sabe hasta qué punto esa actitud de rechazo fue auténtica, o era una mera pose, pues el propio Sartre era sabedor de su extraordinario valor artístico y biográfico. Desde luego, aun a pesar del contexto en que la obra fue escrita, es evidente que nadie da de lo que no tiene, y que "de la abundancia del corazón, habla la boca": "Barioná", en efecto, habla por sí sola, y el tiempo la ha acabado poniendo en su sitio.

Está publicada en español por la editorial de Álex Rosal "Libros libres".

06 septiembre, 2007  
Anonymous julio said...

Es así, Verónica: nadie da de lo que no tiene. En esta obra de Sartre habrá ecos, sin duda, de la educación y de las influencias cristianas (católica y protestante) que recibió en su infancia. El resto seguro que lo puso su genio, que no era poco. Por otra parte, muchas de las imágenes religiosas más bellas del Renacimiento están firmadas por pintores que, probablemente, eran agnósticos o tenían una fe bastante tibia. ¿Guía el Espíritu la mano de esos artistas? Para mí, es un misterio.

06 septiembre, 2007  
Anonymous Verónica said...

Gracias por responder siempre, Julio. Tu blog es un regalo. Un saludo.

07 septiembre, 2007  
Anonymous julio said...

Gracias a ti, Verónica.

07 septiembre, 2007  

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