09 julio 2007

la misa en la galera

Chateaubriand, en El genio del cristianismo, recoge una carta del jesuita Jacques Cachod a propósito del riesgo de contagio que corrían los misioneros en los baños y galeras de Estambul a principios del XVIII. Dice el padre Cachod: “El mayor peligro de toda mi vida lo pasé en la cala de una sultana de ochenta y dos cañones. Los esclavos, de acuerdo con los guardianes, me habían hecho entrar allí para que los confesase durante toda la noche y celebrase la misa al amanecer. Nos encerraron con dobles candados, como es costumbre. De cincuenta y dos esclavos que confesé, doce estaban enfermos y tres murieron antes de mi partida. ¡Juzgad el aire que podía respirar en ese lugar cerrado y sin la menor abertura! Dios, que por su bondad me salvó en esta ocasión, me salvará en otras muchas.” Leí este pasaje hace unos veinte años y, durante mucho tiempo, le di vueltas y más vueltas obsesionado con la idea de escribir un poema inspirado en él. No tardé en decidir que ese poema tendría dos partes fundamentales: la confesión de uno de esos cautivos y la celebración de la misa. El cuadro ofrecía la posibilidad de trabajar con muchos símbolos. Una galera anclada después de una navegación; el recuento de una vida, que es otra navegación; la esclavitud física como reflejo de la esclavitud moral; la oscuridad y la esperanza; la Sagrada Forma como un sol en ese amanecer sólo imaginado desde la sentina... Dediqué mucho tiempo al poema y escribí algunos versos sueltos, pero, poco a poco, me fui dando cuenta de que nunca podría hacer lo que me había propuesto y lo acabé dejando. Ya sé que las intenciones sin más no sirven, pero hoy lo recuerdo aquí para salvar un poco de aquel entusiasmo y aquella derrota.

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20 Comments:

Anonymous Verónica said...

Chateaubriand era un genio. (¿Era él el que admiraba a Napoleón o al revés?) No he leído "Le génie du christianisme", pero se me quedó grabado el pasaje aquél de "Atala", leído allá por mis 21 años:

"Homme, la saison de ta migration n'est pas encore venue; attends que le vent de la mort se lève, alors tu déploiras ton vol vers ces régions inconnues que ton coeur demande".

Es de esos textos que te ponen en pie.

El tono, más apagado y como de vuelta de todo, de sus "Mémoires d'outretombe", es de un contraste extremo con el optimismo vital de su Atala. No sé si has leído "El libro de las ilusiones" de Paul Auster (magnífica novela), y el protagonismo decisivo que tienen las Memorias de ultratumba en el argumento.

La escena de la misa en la galera y la confesión de los cautivos es de una fuerza inusitada. No te desanimes, Julio; la Musa casquivana, como la llama Miguel d'Ors, te visitará cuando menos te lo esperes. Estoy segura.

09 julio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Creo que ya no tienes más remedio que escribirlo. Platónicamente hablando, no se puede subir a las “ideas” y volver a la caverna para contar un apurado resumen. Eso no está bien. Como diría otro Antonio, “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague”. Así que te emplazo yo: te doy un máximo de sesenta días, a partir de hoy 9 de julio, para saldar la deuda que aquí has contraído.
Por cierto, ayer no dije nada porque ante Ford sólo sé decir “amén”.

09 julio, 2007  
Anonymous Néstor said...

Pues encomiéndate a ese sol del amanecer y ponte manos a la obra, porque necesitamos tu poema.

09 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Se admiraron mutuamente, Verónica, aunque no sin altibajos. Chateaubriand no era muy afecto a Bonaparte cuando acude a una recepción (1803) en la que el Emperador le dirige unas palabras a propósito de "El genio del cristianismo”. Años después, describe el efecto que tuvo sobre él esa entrevista recurriendo a Job IV, 15-16: “en mi noche... un soplo se deslizó sobre mi cara y me puso los pelos de punta. Estaba allí delante; no la reconocí. La aparición estaba ante mis ojos; hubo un silencio, después oí una voz...” En las “Memorias de ultratumba” dedica seis libros enteros a Napoleón, en los que las críticas no amortiguan el aliento épico, el tono de exaltación heroica de sus páginas. Y, hablando de exaltación, en las “Memorias” hay de todo: ese tono apagado, que dices, y partes que son puro Chateaubriand. No he leído la novela de Auster, pero, si las “Memorias” protagonizan su argumento, ya tiene asegurado un punto de partida interesante.

P.S: No me desanimo. La Musa me visitó, pero fallaron las fuerzas. Desde entonces, me ha visitado muchas veces y ha habido de todo un poco.

09 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Va a ser difícil, Antonio, pero, ya que me emplazas, lo intentaré. Han pasado veinte años y, para lograrlo, tiene que volver aquella emoción concreta que me acompañó mientras intenté escribirlo. Además, por entonces, mi poesía era más narrativa. Ahora, para bien o para mal, ha cambiado la música.

09 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Me encomiendo, Néstor, y que sea lo que Dios quiera.

09 julio, 2007  
Anonymous verónica said...

Gracias, no conocía la anécdota con Bonaparte. Es buenísima.

09 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Está en las "Memorias" y, según parece, en esa entrevista sólo habló Bonaparte.

09 julio, 2007  
Blogger Juan Manuel Macías said...

Hermosa historia. Yo creo que un poema que no se escribe o se abandona no es una derrota. Tal vez la Musa se guarde un as en la manga... En todo caso, siempre regresa, de una forma u otra.

10 julio, 2007  
Anonymous julio said...

No, realmente, no es una derrota, Juan Manuel. Además, recordarlo aquí me ha servido para avivar la antigua llama. Y ya que me han dado un plazo...

11 julio, 2007  
Blogger E. G-Máiquez said...

A d'Ors le preguntaron el otro día que si se quedó con las ganas de escribir alguna vez algún poema y sobre qué. Él contestó que no. Mi experiencia particular se parece más a la tuya: poemas que uno sueña escribir y que no salen. Y que, como dice JM Macías, acaban saliendo de una forma u otra. El entusiasmo tuyo de entonces está desde luego salvado en la entrada, y gran parte de la emoción que hubiese tenido el poema late ahora en la pantalla. Gracias, julio.

11 julio, 2007  
Anonymous julio said...

La verdad, Enrique, es que a mí me ha pasado bastantes veces, aunque quizá sea ésta la que se me quedó más grabada. De ahí, tal vez, la necesidad de hablar de ella. Los "Fragmentos de Europa" contienen muchos de esos entusiasmos que no llegaron a buen puerto.

11 julio, 2007  
Anonymous alfredo rodríguez said...

A mi también me gustaría que te metieses a fondo con ese poema que dejaste abandonado, haciendo quizá otro de tus maravillosos monólogos dramáticos, pero esta vez en boca del confesor.
Gracias por el libro que recomiendas. Hace tiempo que leí una edición abreviada de las MEMORIAS DE ULTRATUMBA y me parecieron soberbias.

11 julio, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

Las memorias de Chateaubriand no son la base argumental del fastuoso "El libro de las ilusiones" (que archirecomiendo). Pero le da un toque muy simpático a la novela, y ganas de leerlas (las memorias).

12 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Será un monólogo, Alfredo, pero de uno de los cautivos. Al menos, de momento, lo veo desde esa perspectiva. Si fuera en tercera persona, sí sería inevitable el confesor.

12 julio, 2007  
Anonymous julio said...

¡Otro Auster que desconozco, Jesús! Es que leo poquísima novela actual... No tengo arreglo.

12 julio, 2007  
Blogger ARP said...

No sé si has leído Un templo del Espíritu Santo, de Flannery O'Connor; es un cuento con un enorme sol, aunque en el ocaso, que es la Eucaristía.

12 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Gracias por la referencia, Arp. No lo he leído, pero tu comentario me anima a hacerlo. A veces, las identificaciones más sencillas, como ésta, que tiene su tradición y está en el imaginario católico, son las más sugerentes y eficaces.

12 julio, 2007  
Anonymous Verónica said...

Jesús, yo no le quería decir a Julio el peso que tienen las "Memorias de ultratumba" en "El libro de las ilusiones", por no destripárselo. Pero lo cierto es que Auster sí les otorga un valor -no diré de qué modo- decisivo. Yo tampoco leo novela actual -hace tiempo que no pasé del XIX-, pero esta excepción merece la pena, y te reconcilia con la novela contemporánea. Es buena a rabiar.

Las "Memorias de ultratumba" las he leído de forma fragmentaria: tenía un profesor en La Sorbona que nos seleccionaba trozos para compararlos con los de "Atala", y ver la evolución de Chateaubriand. De eso me acuerdo, y de que es un escritor genial.

12 julio, 2007  
Anonymous julio said...

No es mal ejercicio, Verónica, ese de comparar "Atala" y "Memorias". Diría que es envidiable. En cuanto a Auster y "El libro de las ilusiones", vuestra insistencia me va a llevar irremisiblemente a su lectura.

12 julio, 2007  

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