17 julio 2007

cioran y la utopía

“Cuando Cristo dice que el reino de Dios no está ni aquí ni allá, sino dentro de nosotros, condena por anticipado las construcciones utópicas, para las que todo reino es necesariamente exterior, sin relación alguna con nuestro yo profundo o nuestra salvación individual”. La crítica que hace Cioran de los mecanismos de la utopía está repleta de sugerentes planteamientos y de definiciones llenas de sentido común: “La utopía es una mezcla de racionalismo pueril y de angelismo secularizado”. También de acertadas y expresivas descalificaciones: “Recomiendo la descripción del Falansterio como el más eficaz de los vomitivos”. Pero, “después de denunciar la ridiculez de la utopía”, Cioran le concede un mérito, el de poner de manifiesto los horrores de la propiedad y las calamidades que provoca. Le reconoce, además, una utilidad, la de turbar el sueño de los propietarios, la de alimentar sus pesadillas, porque éstas, las pesadillas, son el inicio de su despertar metafísico. Y añade: “para recuperar su alma, es necesario que (el propietario) se arruine y consienta en su ruina”. Para Cioran, “toda forma de propiedad degrada y envilece”. Para mí, plantear así las cosas es rendirse ya a la utopía.

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27 Comments:

Blogger Juan Manuel Macías said...

Estoy totalmente de acuerdo con la conclusión final. Por otra parte, creo que lo malvado y siniestro del utópico es que no sabe ver individuos sino abstracciones (para condenar o absolver): el proletariado, la raza aria, la humanidad, los "vascos" y las "vascas"... Yo me conformo con el concepto de "prójimo", individual y concreto.

17 julio, 2007  
Blogger AFD said...

Ha habido santos o personas en la ruta de la santidad en todos los pueblos, bajo todos los regímenes políticos, incluso antes de la venida de Cristo (como lo distinguieron los padres de la Iglesia en los platónicos).
Si ni siquiera la religión es condición sine qua non de la santidad, cómo lo va ser la propiedad.

17 julio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

La verdad es que, como siempre, eres capaz de abrir muchas ventanas a muchos paisajes en unos pocos renglones. No sé si asomarme a la utopía, si a Cioran, si al cristianismo, si a la propiedad privada... Da todo para mucho y yo no tengo tu capacidad de síntesis. Lo primero que me ha venido a la cabeza es el pobre Platón, siempre en el punto de mira (“…Me olvidaba que Platón es el ancestro de todas esas aberraciones…”, dice también Cioran); inmediatamente, San Agustín y la “Ciudad de Dios” con sus ciudadanos esplendidos que aman a Dios hasta el desprecio de sí mismos; luego, el Evangelio, “ve y vende todo lo que tienes (…) y sígueme”. Y me ha parecido que estos tres ríos eran afluentes del mismo empeño: la “sed de absoluto”, de que también habla Cioran.
Dios me libre a mis años de defender utopías; pero lo que sí se me ha acentuado con la edad es el elogio de la dificultad: los senderos del hombre y los caminos de la fe no son nada fáciles. ¿Degrada y envilece toda propiedad?... Pues, no lo sé; y, cuando no sé algo, cuando dudo sobre algo, pienso que la verdad está en la parte que se me hace más cuesta arriba. La razón es que si aquello fuese algo elemental, algo evidente, no dudaría, luego lo cierto tiene que ser más complicado; algo parecido a lo que en la película (no he leído la novela) aconsejaba el General de la Rovere (cito de memoria): cuando no sepas qué camino elegir, elige siempre el camino más difícil.
De todas formas ya se sabe que Cioran es muchas veces contradictorio; a lo mejor, todos somos un poco Cioran.

17 julio, 2007  
Anonymous Verónica said...

Magnífico artículo, preñado de sugerencias, como dice Antonio Azuaga.

La película alemana "La vida de los otros", obra maestra absoluta, muestra sin ambages los extremos de abyección a los que conduce la utopía llevada a la práctica.

Y en cuanto a la propiedad privada, una vez más, el Cristianismo nos ofrece la paradoja a vista humana imposible: vivir como ciudadanos del mundo, pero sin ser del mundo; utilizar los medios materiales como medios, sin divinizarlos o absolutizarlos como si fueran fines. En definitiva, la propiedad privada viene a ser el lógico corolario de la dignidad de la persona, fruto de su esfuerzo y de su sacrificio, pero, simultáneamente, se debe proclamar el destino universal de los bienes de la tierra, y la obligación moral de procurar la ayuda a los más desfavorecidos.

La verdad es que resulta contradictorio el discurso de Cioran; sobre todo, ofrece una falla evidente al final, que hace que el resto no se sostenga.

18 julio, 2007  
Anonymous jose luis gonzález said...

Sin ir a la segunda parte, donde se habla de la utopía, que, por cierto, es muy interesante, quisiera dejar aquí una reflexión sobre la primera. ¿No se puede decir que la libertad sólo existe a través de lo trascendente, que sólo si hay algo que trasciende al hombre, y trasciende la naturaleza, puede el hombre ser libre? Al fin y al cabo, sin lo trascendente el hombre es un átomo, y aunque sea imposible desvelar el cúmulo de fuerzas al que se vería sometido, no por ello deja tal cúmulo de existir. El hombre, creo, no puede ser libre en la inmanencia, sino que necesita de la trascendencia. Necesita además de la trascendencia para buscar un sentido, dotarse de un sentido como una coraza contra una sociedad de la consumación (me gusta jugar con la traducción del término francés) que nos lleva a todos al sinsentido.

18 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Al hacer esa abstracción, Juan Manuel, la utopía despoja a los hombres de su responsabilidad y, por lo tanto, de su libertad. Yo también prefiero hablar de hombres concretos, de personas, y no de difusas humanidades.

19 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Indudablemente, Alfredo, pero de ahí a decir que la propiedad degrada y envilece...

19 julio, 2007  
Anonymous julio said...

¿Sabes, Antonio, que iba a reproducir la frase sobre Platón que citas? En el último momento, lo pensé mejor y me dije: vamos a dejar en paz a Platón y a Antonio. Respeto esa sed de absoluto y respeto y admiro la opción personal por la pobreza. Además, si me atengo al Evangelio, de alguna forma, yo también me tendría que obligar a ella. Lo que no se me ocurre es demonizar la propiedad y menos aún exigir o proyectar su desaparición. Mal utilizada, como todo, puede ser fuente de injusticias; en manos exclusivamente de Leviatán, garantiza la servidumbre.

19 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Tienes razón, Verónica. No se puede desmontar el mecanismo de las utopías y, a la vez, justificarlas moralmente. Cioran se muestra aquí doblemente utópico. Comparte el diagnóstico que está en el origen de muchas utopías (lo que sugiere cierta mentalidad utópica) y, además, cree posible que los hombres renuncien a sus propiedades.

19 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Para mí, José Luis, es como dices, pero, aunque no fuera así, siempre habría que defender esa libertad.

19 julio, 2007  
Anonymous Anónimo said...

Sin embargo, hay algo extraño e inquietante en las utopías. Su capacidad de fascinación de tantas mentes lúcidas, de tantos corazones puros. ¿por qué?. César U-M G.

19 julio, 2007  
Anonymous El amigo de Kierkegaard said...

Para Antonio Azuaga. Respecto a De la Rovere es imprescindible el conmovedor relato de Indro Montanelli sobre el ladrón y estafador Bertone convertido y redimido en el heróico General De la Rovere. (Gentes del siglo-Espasa Calpe-2006 o Personajes-Plaza Janés-1966). Es, a mi entender, muy superior a la película de Rosellini.

19 julio, 2007  
Blogger AFD said...

Julio, lo que quise decir es si ni la religión era condición de santidad, cómo lo iba a ser la FALTA de propiedad (o la propiedad). No hay condiciones externes, digamos.

19 julio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Gracias, “El amigo de Kierkegaard”. Estoy seguro de que es cierto lo que dices sobre la superioridad del texto de Montanelli, por eso declaraba mi laguna. En cualquier caso, a mí la película me gustó; y el personaje, el “engrandecimiento” del personaje, más aún. Y esto también debe de ser verdad porque hace muchísimo que la vi y me sigo acordando de ella (aunque, tal vez, la frase que cito no sea muy exacta).
Y gracias también, Julio, por “apiadarte” de Platón y… de mí.

19 julio, 2007  
Anonymous El amigo de Kierkegaard said...

Huyamos de las utopías como gatos escaldados.
Acudo a Nicolás Gómez Dávila y encuentro las siguientes perlas: "La religión no es conclusión de un raciocinio, ni exigencia de la ética, ni estado de la sensibilidad, ni instinto, ni producto social. La religión no tiene raíces en el hombre".
"El clero moderno afirma que el cristianismo pretende resolver los problemas terrestres -confundiéndolo así con la utopía".
"Lo que preocupa al Cristo de los Evangelios no es la situación económica del pobre, sino la condición moral del rico".
"El error del cristiano progresista está en creer que la polémica perenne del cristianismo contra los ricos es una defensa implícita de los programas socialistas".
"La fe no es explicación, sino confianza en que la explicación finalmente existe".
"Mis convicciones son las mismas que las de la anciana que reza en el rincón de una iglesia".
Este último escolio es mi preferido.

19 julio, 2007  
Anonymous julio said...

No sabría decir bien por qué, César. No creo que sea ingenuidad absoluta ni, por supuesto, mala fe, pero está claro que, en esos corazones, el anhelo de igualdad y justicia es enorme y no deja ver los riesgos que corre la libertad.

20 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Completamente de acuerdo, Alfredo. No lo supe leer.

20 julio, 2007  
Anonymous julio said...

¡Qué cosas tienes, Antonio! No fue piedad, sino cautela.

20 julio, 2007  
Anonymous julio said...

Gracias, Amigo de Kierkegaard, por esa pequeña antología de Gómez Dávila, que viene muy al caso y es toda una lección.

20 julio, 2007  
Anonymous jose luis gonzalez said...

Pero el problema es, ¿cómo fundar esa libertad? quiero decir, para luchar por la libertad del hombre, primero habrá que considerar al hombre libre, y para eso primero deberá considerarse que el hombre trasciende lo físico. La religión, como la utopía, me temo, son elecciones voluntaristas. En un tiempo tras la postmodernidad cuando creemos -yo creo- creemos porque necesitamos trascender un determinado orden, necesitamos creer en la dignidad y la libertad del hombre. Utopía y religión, si bien la religión cristiana, como muy bien dice Gómez Dávila, no es socialista, se parecen en que una es la trascendencia en el orden de lo social y otra la trascendencia en el orden metafísico. Y las dos pueden, por una parte, hacernos libres, como ideales, pero también, si se aplican ignorando la naturaleza de la persona humana, que creo que tiende a mejor, pero es siempre débil, generar infiernos. Así, no sé puede luchar contra la injusticia o por la libertad desde el positivismo. El positivismo es la ideología de lo dado. Sólo puede aspirar a instaurar un orden de contención utilitaria, en el que unos organismos convivan y armonicen sus latencias. Más allá, se precisa la religión, y se precisa la utopía. Es algo como lo que dijo Dostoievski, pero yendo todavía más allá. No es que sin Dios todo valga, es que sin Dios el valer o no valer no tiene sentido.(Perdón por la longitud!)

20 julio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Con el permiso de Julio: me parece espléndido, José Luis González, el paralelismo que indicas entre religión y utopía. Sólo añadiría que lo social se funda en lo físico, es, por lo tanto, naturaleza en último término; humana, es verdad, pero naturaleza al cabo. La metafísica, sin embargo, anda más allá de todo lo dado como natural; es, en sí, absoluta trascendencia y, por lo mismo, siempre acaba en Teología. Es decir que, admitiendo la utopía como un trascender el orden social, la Teología sería la trascendencia de la utopía. Es lo que, en mi opinión ocurre en Platón (aunque para él, en realidad, no halla metafísica, sino naturaleza de verdad y naturaleza de mentirijillas): su “República” tiene razón de ser bajo la presidencia constante del Bien, es decir, de Dios; y, con los correspondientes ajustes, lo mismo encontraríamos en las “ciudades” de San Agustín, o en la “Ley natural” y la ley positiva (que nunca debe saltarse el ordenamiento divino) de Santo Tomás.
Las utopías son un desastre como empeño de la acción humana, pero (no quería decirlo: “Dios me libre a mis años de defender…”) son vocación de su alma como referente, como norte, como brújula. Una hipérbola, sin más, que se acerca indefinidamente a la asíntota; que sueña el cruce, imposible en lugar alguno; que nunca llega a esa perfección y siempre la pretende. Estoy de acuerdo en que “sin Dios el valer o no valer no tiene sentido”: es tan absurdo como una hipérbola trazada sobre la nada.
Amigo Julio, asumo tus iras “Contra utopía”.

21 julio, 2007  
Blogger Rocío Arana said...

¡Quiero otra entrada yaaa!

23 julio, 2007  
Blogger Shadow said...

No puedo simplemente unirme a lo que dices al terminar .... Pensar asi ya es rendirse a la utopia.

Saludos.

27 julio, 2007  
Anonymous toi said...

¿por qué, Rocio?
Precisamente tú que eres una discutidora nata, una pensadora hambrienta...¿no estás disfrutando con estas luminosas disquisiciones?

Si hay entrada nueva, se deslizará pabajo, lentamente... déjala habitar el top unos días.
Julio, magnífico post. Disfruto como un cochino en un charco leyendo este blog.

30 julio, 2007  
Blogger Rocío Arana said...

Yo no soy una discutidora, toi... ¡me gusta pensar y hablar con la gente, no discutir! Y aunque disfruto con los comments, más disfruto con el post. ¡Y quiero otro! Soy así de irracional. Cuando buenamente puedas, Julio, quiero otro.

30 julio, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

¡Nue-va-en-tra-ada! ¡Nue-va-en-tra-ada!

02 agosto, 2007  
Anonymous julio said...

Muchísimas gracias a todos por vuestro interés y por vuestra paciencia. Durante los últimos quince días, no he dispuesto de los medios apropiados para publicar nuevas entradas y responder a vuestros comentarios. Iré, poco a poco, retomando el ritmo de antes.

02 agosto, 2007  

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