18 junio 2007

the other side of the hill

El otro lado de la colina es el título de un libro de B. H. Liddell Hart, inspirado en una cita de Wellington, y también una de las metáforas más sugerentes sobre el conocimiento. Wellington y un compañero de viaje se entretenían en adivinar cómo sería el paisaje detrás de las colinas que iban encontrando por el camino. Parece ser que el Duque de Hierro acertaba siempre. Interrogado al respecto, Wellington vino a decir que nada más fácil, pues se había pasado toda su vida de general intentando saber qué hay al otro lado de la colina, y que en eso consistía todo el arte militar. Me atrevería a decir que en eso consiste buena parte del conocimiento, de todo conocimiento, sean su objeto las personas o las cosas, en saber qué hay detrás de ellas, a qué tipo de paisaje, a qué nuevos territorios nos llevan o nos pueden llevar. A veces, franqueamos a ciegas las colinas, sin pararnos a pensar qué se esconde al otro lado, cuando lo que al otro lado se esconde es una tierra sólo apta para la derrota. Y puede ocurrir lo contrario, que nos imaginemos equivocadamente que, detrás de una determinada colina, no hay posibilidades de avance, cuando sí las hay, y desperdiciemos para siempre una oportunidad de oro.

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8 Comments:

Blogger E. G-Máiquez said...

Memorable. Para poner en práctica, sólo que a la velocidad que hoy van nuestros coches habría que tener una imaginación supersónica.

18 junio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Las peores colinas, sin duda, son las que rodean el alma. Ante ellas, todo el arte militar, todo el arte de la ciencia puede que fracase estrepitosamente en sus pronósticos. Quizá de ahí procedan los habituales naufragios de la Psicología; quizá de ahí, su renuncia al conocimiento, su recurso cruel a las “excavadoras” para convertirlas en anodinas llanuras.

18 junio, 2007  
Anonymous Néstor said...

¿Y no prefieres mantener la capacidad de asombrarte ante-las-cosas-que-descubres-al-otro-lado-de-donde-sea?

18 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Los satélites han venido en nuestro auxilio, Enrique. Ahora, sabemos siempre lo que hay al otro lado de la colina.

19 junio, 2007  
Blogger Rocío Arana said...

La imaginación será siempre mejor que los satélites... Me gusta el final de tu entrada.

19 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Es un auténtico trabajo de nivelación, Antonio, pero destinado al fracaso. La orografía del alma reserva siempre permanentes sorpresas y es de una variedad casi infinita.

19 junio, 2007  
Anonymous julio said...

¡Claro que prefiero mantener esa capacidad de asombro, Néstor! En cierta medida, somos asombro, pero no podemos dejar de ser cautela.

19 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Siempre será mejor que los satélites, Rocío, pero, en ciertos dominios, la imaginación ha perdido importancia. Eso sí, le sigue perteneciendo todo, aunque resulte paradójico.

19 junio, 2007  

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