07 junio 2007

la ironía

En según qué reuniones de amigos, un mucho de humor e ironía nunca viene mal. En una obra literaria ni satírica ni humorística, un poco de ironía aquí y allá es suficiente, aunque no siempre necesario. Hay, en algunos autores que abusan de la ironía, un no sé qué de condescendencia, de amabilidad convencional y fingida, que quiere subrayar una imaginaria distancia, una diferencia de valor intelectual entre el escritor y el lector. Otros se entregan a una exhibición permanente de sus habilidades lingüísticas o de su capacidad para decir siempre lo contrario de lo que piensan; y esto, pasado el deslumbramiento de los fuegos de artificio y agotada la fórmula, no lleva a ninguna parte. Cuando leo un libro, no quiero que su autor me esté diciendo a cada momento, y de mil maneras, que es muy inteligente. Supongo de antemano que lo es y sólo le pido que sea serio.

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29 Comments:

Blogger samsa777 said...

En demasiadas ocasiones olvida el escritor al lector. El exhibicionismo es, sin duda, un pecado capital de la creación. El problema, como siempre, está en la justa medida, en la "callida iunctura".

07 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Quizá lo de olvidar al lector sea lo de menos (tampoco es que esté obligado a tenerlo en cuenta). El problema es cuando hace muy visible lo que menos nos interesa de él y quiere que nuestra atención se fije precisamente en eso, en lo muy inteligente que es. ¡Y claro que, entonces, tiene en cuenta al lector! A su manera, pero lo tiene en cuenta, porque el exhibicionista necesita espectadores.

07 junio, 2007  
Anonymous Anónimo said...

Pido disculpas de antemano, pero me atrevo a poner nombres al comentario de hoy (Julio, si no lo consideras procedente me parece bien que no apruebes la publicación de la entrada). He tenido esa sensación al leer a Javier Marías. Las primeras obras me parecieron un hallazgo notable (el hombre sentimental, sobre todo y su producción inicial) pero a medida que iba publicando me ha ido decepcionando por cuanto las habilidades del autor (notorias en muchos aspectos) apenas iban disfrazabando un discurso cada vez más previsible, por no decir hueco. Quizás, y esto es un atrevimiento cuando la forma en un escritor es más fuerte que el fondo (espiritual o intelectual del autor) es inevitable que ocurra lo que describes.

Un abrazo.

César U-M G.

07 junio, 2007  
Blogger tosigo ardento said...

Creo abiertamente que el escritor (el poeta, en mi caso) cuando escribe se ha de olvidar por completo del lector potencial. Ha de construir un muro. Ha de escribir para sí, nunca para nadie o pensando en nadie. Eso hace grande a un poeta, y grande asimismo a su poesía. Desgraciadamente no es lo que ocurre a menudo, ya que en la mayoría de los casos ocurre lo contrario. Se escribe de cara a la galería, y así nos luce el pelo, claro...

07 junio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Para mí la ironía tiene el valor de una espada, y no son iguales la de Don Quijote y la de un espadachín fanfarrón. Quiero decir que sólo es buena la "socrática" porque tiene segunda parte que la redime, momento posterior que pretende mejorar algo. La otra, la retórica, es, al hilo de lo que dices, como la guindilla en la “merluza a la vasca”: el poco adorna y satisface; el exceso, harta.

07 junio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Con el permiso de Julio, que es quien aquí manda: tosigo ardento, sin duda, eres mucho más joven que yo, así que permíteme la edad. Disiento de lo que dices por una cuestión de matiz. Si uno escribiera para uno mismo, no escribiría: le bastaría recrearse y gozarse en su propia reflexión. Tienes razón en que no hay que escribir acomodándose a lo que uno supone agradará al lector, pero yo digo otra cosa. No es lo mismo “acomodarse” a quien te lee, que “esperar” a quien te lea. Yo creo que siempre escribimos aguardando un espectador, aunque tal vez éste no exista. No lo buscamos (o no debemos), pero lo esperamos.

07 junio, 2007  
Anonymous emilio quintana said...

Yo, que tiendo a la ironía y al sarcasmo, soy perfectamente serio, para mí son instrumentos para hablar de la verdad. De hecho, la ironía y el sarcasmo en sí mismos me parecen despreciables.

07 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Difícilmente, César, puede sostenerse una prosa cualquiera sin ese fondo intelectual o espiritual. Hay que creer en algo (o, al menos, saber mucho de algo). El problema de algunos prosistas profesionales es ése, hablar de todo (y de nada) sin tener mucho que decir. España ha sido, y sigue siendo, pródiga en ese tipo de talentos. Cuando se dice de alguien que es un gran prosista, me espero lo peor. Se puede ser un gran novelista, un gran filósofo, un gran ensayista (rara avis, por cierto, en nuestra literatura), un gran historiador, un gran jurista, un gran sociólogo, y tener, además, una prosa excelente (y la excelencia de esa prosa siempre estará en íntima correspondencia con la intensidad del pensamiento que ayuda a transmitir); pero ¿qué significa ser un gran prosista? En el mejor de los casos, lo mismo que ser un buen versificador.

08 junio, 2007  
Blogger samsa777 said...

Jaja ¡Qué fino hilas! Suscribo la precisión que le haces a mi comentario. El exhibicionista necesita público, pero también, en cierta manera, lo insulta y zarandea, porque pone en evidencia todas sus limitaciones.

08 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Sobre todo, el sarcasmo, Emilio. En cualquier caso, siempre hay algo de impiedad en quien abusa de la ironía.

08 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Francisco, ¿y qué sentido tiene (desde luego, sentido moral ninguno) insultar y zarandear al público?

08 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Los comentarios de Alfredo (Tósigo Ardento) y Antonio no tienen fácil respuesta. Voy a intentar esbozar una desde mi experiencia personal. Cuando escribo, por ejemplo, el prólogo de un libro, un artículo sobre el asunto que sea o, sin ir más lejos, una entrada de este blog, me resulta imposible no tener en cuenta a los lectores, aunque siempre hay una entonación, una música que es la que uno quiere escuchar, algo que sólo (o en primer lugar) me estoy diciendo a mí mismo. La cosa no está tan clara cuando escribo un poema. Quizá no llego a levantar ese muro que propone Alfredo (porque el lenguaje tiene el poder de obligarnos siempre ante los demás), pero sí es cierto que la idea de un lector (incluso potencial) pasa a un segundo plano.

08 junio, 2007  
Blogger tosigo ardento said...

Evidentemente me estaba refiriendo al hecho de escribir poesía. Estrictamente poesía. Cuando uno escribe poesía y escribe con el convencimiento de querer trascender (y no poesía "doméstica" o "domésticada" de esa que tanto abunda...) tiene que distinguir dos realidades, dos dimensiones: uno, la escritura, la poesía que nace de uno mismo y para uno mismo, ese grifo que necesita abrir uno de vez en cuando, y sin saber porqué, sino por una necesidad insondable. Y dos, la reacción que "eso" que escribe (y con mucha suerte, puede publicar) provoca en el lector: esto es algo que tú no controlas, un terreno que tú no puedes pisar, controlar, prever; algo que escapa a ti.
Cuando un poeta se empeña en querer pisar ese terreno, en querer buscar el aplauso fácil, la emoción fácil, o la simple lectura fácil, se está abocando irremediablemente a ser un poeta menor o un mal poeta (que es lo peor que se puede ser en este mundo...)
Y sí, soy bastante joven (38 añitos de nada)y encima aparento menos...

08 junio, 2007  
Blogger tosigo ardento said...

Por otro lado, amigo Julio, decirte, después de haber leído esta última noche tu ENTRE EL MURO Y EL FOSO (es un poemario que se lee rápido, aunque se rumia luego muy despacio) que sigo maravillado. Que es la poesía desnuda y nada más. Y que te entra por los sentidos como te entra una mujer que ya no nunca te podrás quitar de la cabeza...

08 junio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

De acuerdo, Julio: cuando escribo un poema no pienso en ningún lector; cuando lo termino, yo, por lo menos, lo quiero... o lo querría. En fin, ya me conoces.

08 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Alfredo, muchísimas gracias por lo que dices del libro. La comparación con esa mujer que ya nunca se nos irá de la cabeza es el elogio que, si el libro tuviese oídos, más le gustaría oír.

08 junio, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

También de acuerdo, tosigo. Nada de “pisar”, “controlar” o “prever” lo que al lector ocurra, pero ¿eso significa que no se "le espera", que no se "le desea", que no se quiere uno “mónada” que abre ventanas en su “muro”? Yo pienso que sí, quizá esté equivocado; a fin de cuentas no soy un poeta “menor”: soy un poeta “insignificante”, puede que ni eso.
Por cierto en el “permíteme la edad” no había nada más que el supuesto, confirmado por lo que leo, de mi inevitable decadencia: era una hipótesis empírica, no una paternalista introducción.

08 junio, 2007  
Anonymous CB said...

He aquí "el lector":
Un comentario de lo más simple de una simple lectora, ni poeta ni prosista e irónica sólo cuando le llegan las luces, que no es muchas veces porque una no es Chesterton aunque ya le gustaría (especialmente cuando el oponente va de listillo pagado de sí mismo, y es que la ironía, a mi modo de ver, sólo tiene sentido como un arma del debate, un arma destinada a poner en evidencia las contradicciones o las "petitio principii" -¿o será "petitiones"?- del discurso contrario. La ironía, si no es en una discusión, resulta de lo más grosero, y el sarcasmo, que es lo que más se lleva, ni te cuento).
El comentario simplón es que, a mis ojos lectores, la gran diferencia está en el "Mírame" (qué profundo, o qué ocurrente, o qué sensible o qué dominio del oficio)o en el "Mira esto que he descubierto, mira esto que necesito mostrar". Naturalmente el que muestra lo hace desde sus ojos y con sus medios, él está detrás, pero señala a algo por encima de sí mismo: ese algo por encima de tí es lo que justifica la obra. Si sólo es un "Mírame", de los que tanto abundan en poesía, pues qué quieres que te diga, que lo siento, que prefiero escuchar a mis amigos y que me cuenten su vida quienes quiero, aunque no lo hagan en endecasílabos.
Y no tiene que ver con que la poesía sea más o menos reflexiva, o metafísica o que hable de la cotidianeidad o las cosas de la vida: en cada una de ellas se puede dar el "Mírame" o el "Mira".
No lo sé explicar muy bien, pero sí sé que todos tus poemas son grandes "Mira".

08 junio, 2007  
Blogger samsa777 said...

En efecto: y por eso es pecado.

Me gusta la metáfora "una música que es la que uno quiere escuchar".

08 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Una vez acabado el poema, Antonio, ¡claro que queremos lectores! Pero estoy seguro de que lo escribiríamos aunque supiésemos que no lo va a leer nadie. Lo escribiríamos incluso en la famosa e hipotética isla desierta. Y, si no tuviésemos papel, lo memorizaríamos para repetírnoslo a nosotros mismos, aun en la seguridad de que nunca íbamos a salir de esa isla.

08 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Ese "mira" y ese "mírame", Cristina, lo dicen todo. Ahí están perfectamente dibujadas las dos actitudes: el que señala algo que está por encima de él (no a su altura ni debajo, y esto hay que subrayarlo) y el que se señala a sí mismo. Gracias, porque es una lección de claridad y sencillez. En cuanto a la última línea, sólo puedo decir que ojalá.

08 junio, 2007  
Blogger AnaCó said...

Estupenda discusión, es un gusto asistir como lectora. El lúcido comentario de cb me trae a la memoria algo que mencionan Kurt Spang y Rafael Alvira en el prólogo de Humanidades para el S.XXI: "quienes nos dedicamos a los estudios humanísticos no debemos echarle la culpa a los demás, o a las circunstancias. Hemos de buscar, por el contrario, en nosotros mismos, la causa principal de los problemas. Habría que preguntarse primero si tenemos suficiente afición: sólo la vida transmite vida, y tal vez si hay alguna crisis de las humanidades, el motivo principal pueda estar ahí. De otro lado, no es fácil entusiasmar a nadie cuando te presentas como escéptico o como crítico radical. El escéptico y el crítico, si son inteligentes y buenos retóricos, consiguen arrastrar el interés del público hacia ellos, pero no hacia los temas.”

09 junio, 2007  
Anonymous julio said...

AnaCó, ¡qué bien traída la cita! Habíamos dejado de lado a los escépticos, que tantos puntos en común tienen con los irónicos. Quizá, en el fondo, los segundos tampoco creen en nada.

09 junio, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

Pienso en Chesterton, que tanto usó la ironía, y en cómo esa ironía no era altiva y desdeñosa, pues él mismo se caricaturizaba, se zahería a sí mismo, se ponía a tiro con imágenes a veces estrambóticas y bufonescas. Usaba el mismo veneno con los demás que consigo mismo. Quizá esa sea la "patente de corso" para el ironista. Y que diga algo, más allá de la gracieta, por supuesto.

11 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Tienes razón, Jesús. Sólo eso puede rescatarle. De todas formas, si hay excepciones (que las hay, como en todo), Chesterton sería una de ellas.

12 junio, 2007  
Anonymous cb said...

Gracias a Anacó por su comentario y por el enlace. Precisamente en un libro de Rafael Llano aparece este pasaje de Tarkovski que leo hoy, y que dice mil veces mejor lo que yo intentaba decir:
«Me parece que el arte contemporáneo ha tomado un rumbo equivocado al abandonar la búsqueda del sentido de la existencia y al afirmar en cambio el valor de lo individual como algo que se persigue por sí mismo. Tales metas artísticas empiezan a parecer una ocupación excéntrica de personalidades sospechosas, que mantienen que toda acción de su personalidad tienen valor intrínseco simplemente como manifestación del propio yo, que creen extraordinario. Pero en la creación artística la personalidad no se afirma a sí misma, sino que sirve a otra idea común y más grande».
Rafael Llano. Andréi Tarkovski: vida y obra, volumen 2.

24 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Cristina, creo que ese pasaje lo explica muy bien (¡qué gran libro el de Rafa Llano!), pero tu "mira" y tu "mírame" me siguen pareciendo muy elocuentes.

24 junio, 2007  
Anonymous cb said...

Muchas gracias otra vez, pero lo del mira y el mírame es una distinción un poco para salir del paso, entre otras cosas porque un "mírame" perfectamente puede ser también un "mira" ¿no?

24 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Está claro que tu "mírame" no incluye el "mira". Se podría llegar a un "mira" a través de un "mírame", si quien dice "mírame" se pusiera como ejemplo de lo que no debe ser. Y me temo que, inevitablemente, si no se trata de un San Agustín, ese ponerse como ejemplo delataría ya vanidad y orgullo.

26 junio, 2007  

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