15 mayo 2007

retractaciones 2

Durante los ochenta y los noventa, algunos poetas defendimos que la poesía tenía que ser clara. Reconozco que yo fui uno de los que se condujo con mayor vehemencia durante esa época de polémicas y enfrentamientos. Es cierto que la poesía se había convertido en un género difícil de leer y que, quizá, actuásemos por reacción. No sé si dábamos por descontado que la poesía, además de ser clara, tenía que ser antes otras cosas; sobre todo, eso, poesía. El caso es que enfatizábamos la claridad, que la situábamos en un lugar de privilegio dentro de nuestras poéticas; y ahí estaba el error, porque la claridad no se encuentra en el origen de la poesía, no se hace poesía partiendo de la idea de que uno quiere ser claro; la claridad es solamente una característica de ciertos poetas o de ciertos poemas. Además, puede verse modificada; puede ser, por ejemplo, una claridad difícil o una claridad inefable, y esto, precisamente, vuelve peligrosa la pregunta “¿qué es poesía clara?” Si respondiéramos, sin más, “la que se entiende”, estaríamos, por desgracia, en el mismo punto en que nos encontrábamos en los ochenta y los noventa. Porque eso es lo que veníamos a decir, que la poesía tenía que entenderse, y, por la forma de decirlo, que eso era lo necesario e importante, que ése era su principal objetivo. ¿Qué trajo el error de situar lo que sólo es una característica en el puesto esencial que no le correspondía? Trajo océanos de trivialidad. Trivialidad que también estaba presente en lo que llamábamos poesía oscura y trivialidad que siempre había estado presente en la historia de la poesía. Pero, ahora, se trataba de una trivialidad consciente e impúdica, de una trivialidad descarada. La defensa a ultranza de la claridad no inventó ni mucho menos la trivialidad, pero la justificó y, en cierta medida, la volvió jactanciosa. Sin duda, los poetas triviales habrían seguido siendo triviales sin esa especie de victoria de la claridad, y a los no triviales es algo que no les afectó ni para bien ni para mal. Entonces, ¿qué importancia tiene ese error? Toda, porque los argumentos ilegítimos no son honrados, y el de la falta de claridad fue un argumento que se empleó hasta la caricatura contra los que llamábamos poetas oscuros, sin pararnos mucho a pensar, sin procurar entender.

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29 Comments:

Blogger Bukowski said...

Qué entrada tan magnífica. Gracias por abrir un claro de luz en esta eterna discusión de los últimos años.

15 mayo, 2007  
Blogger E. G-Máiquez said...

Amén

15 mayo, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

Yo, que protagonicé un titular en un periódico proclamando el dogma "Un poema no puede ser un jeroglífico", me derrito ahora por Trilce, por Bronwyn, y por cien cosas más que, en principio, no se entienden a la primera, pero que suenan de maravilla, y en cuyo fondo habita una claridad imarcesible. Qué consuelo da leer estas ideas, Julio, tan bien hilvanadas.

15 mayo, 2007  
Blogger Rocío Arana said...

Un jeroglífico es un poco como un laberinto, ¿no, Beades? Y un poema sí puede ser un laberinto, o extrañamente bello como un laberinto. Estamos de acuerdo, como casi siempre...

15 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Siempre, Bukowski, pero esta vez con mayor motivo, tenía la obligación de ser claro. ¡Ojalá lo haya sido, porque puede que, para la prosa, sí resulte esencial la claridad!

16 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

¿Sabes, Jesús, que descubrí a Cirlot a mis diecisiete años y, desde entonces, es uno de mis poetas preferidos? Lo incomprensible es, con esas preferencias, haber sostenido las cosas que he sostenido. ¡Y qué razón tienes! Quizá no se entiendan a la primera ni a la segunda, quizá nunca lleguemos a entenderlos, pero los versos de "Bronwyn" le hablan al alma con una fuerza y una claridad que (estoy seguro) ella entiende, porque se conmueve.

16 mayo, 2007  
Anonymous Fernando do VAle said...

Es necesario ponerse a dieta -de vez en cuando- "de claridad entornada" hipanoamericana. Hay ahí mucha sustancia. Ay! Cirlot, una de mis asignaturas pendiente, una más.
Gracias, Julio.

16 mayo, 2007  
Blogger Leonor said...

Amén también, Fernando do Vale.

16 mayo, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Estoy un poco liado, de ahí la tardanza. Lo único que quiero apuntar es que en todos hay modificaciones superficiales y constantes profundas. Como parto con ventaja (me callo los años para no destapar edades) sólo diré que no necesitas retractación: fuiste el que fuiste, siempre; aunque jugases a otros juegos por deporte del alma, que, de vez en cuando, es hasta aconsejable.
Un abrazo, caro amigo “complejo-claro (?)-complejo renacido”

16 mayo, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

Cuando fuimos a Madrid a conocerte, Julio, (Joaquín, Fidel, Paco y yo, me parece), nos pusimos a referirte -de memoria- tus versos; y tú, un tanto abrumado, nos indicabas antecedentes, claves, influencias, motivos. Uno de ellos, en La torre y los cerdos, fue Cirlot. Nos hablabas de una torre invertida y de Cirlot, y Cirlot por aquí, y Cirlot por allá... Nosotros asentíamos y disfrutábamos como enanos por estar tomando café "con Mesanza".
Al salir, nos miramos un momento de reojo: "¿Tú tampoco sabes quién es Cirlot, no?. -No, claro. -Claro."
Ahora sí que lo sé; hace unos años, re-alentado por Antonio Rivero Taravillo, le pedí a mi madre, por Reyes, el Bronwyn de Siruela. Y ya no lo puedo dejar. "...el encuentro / tendría que ser fuera y estás dentro."

17 mayo, 2007  
Blogger AFD said...

Julio, creo que lo hicieron en los 80's y 90's fue importante. A veces lo que sucedía con la poesía es que uno no sabía si era trivial o no. Con una inclinación hacia la línea clara, por lo menos podemos entrever si la poesía es trivial o no. Y claro, la mayoría resultó trivial, hasta aburrida, costumbrista. En la antología de poesía moderna española (hasta el 92) en la que primero conocí tu obra, me di cuenta de esto (y de que casi todos los poetas usaban una u otra vez las palabras tabaco o cigarrillos, café y chinescas), de una trivialidad compartida (claro que no en tus poemas y varios otros) pero aún así, creo que es preferible una trivialidad clara, honesta, que una trivialidad escondida tras la innovación verbal y la vanguardia que sigue debilitando a la poesía latinoamericana.
Por otro lado, cuando eres muy buen poeta, puedes hacer gran poesía trivial. A mi juicio, lo logra con maestría Luis Alberto de Cuenca, y nos da, así, quizá lo más cercano a un aunténtico tono horaciano que ha conocido nuestra lengua.
Horacio no es Dante ni San Juan de la Cruz, pero es un magnífico poeta.

En todo caso, la mayoría de tus poemas de Europa, me resultan más claros que los de Trincheras, pero nunca me han parecido triviales. Pienso que los BUENOS poemas claros de un autor, nos abren la puerta y nos invitan a explorar los poemas menos claros (a sabiendas que al final del jeroglífico no vamos a encontrar trivialidad), con la esperanza de encontrar una experiencia más profunda. Tus poemas de Trincheras ciertamente nos convidan una nueva dimensión, no presente en Europa, y como te he dicho, el Cuestiones Naturales III de tu nuevo libro da otro más, y me parece realmente magnífico. Y distintoa lo anterior.

Alfredo

17 mayo, 2007  
Anonymous alberto said...

Creo que la poesía española de los 80 necesitaba la claridad como el comer. Nada de lo que arrepentirse. Se escribieron algunos buenos libros. Muchos prescindibles. Como en toda época. Algunos poetas, es mi opinión, dieron lo mejor de sí antes de oscurecer deliberadamente su poética (Gallego, Marzal). Otros han ganado en misterio. Los hay -pienso en el González Iglesias de su último libro- tan transparentes y tan verdaderos, que uno se pregunta si el meollo no está ahí. Si la poesía no es eso precisamente.

17 mayo, 2007  
Anonymous Monsieur Tiffauges said...

Hace unas horas terminé de leer "Europa" y fascinado, con ganas de leer más poemas de Julio Martínez Mesanza, he acabado llegando a esta página. Y aquí descubro con emoción una referencia a Fidel, que fue y será siempre mi mejor profesor de literatura, y a Cirlot, el poeta español que más admiro. Qué alegría. Os sigo a partir de ahora en este espacio.

17 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Gracias, Fernando, por tu comentario y por esa "claridad entornada", que se me antoja acogedora y cálida, e introduce otro matiz dentro de esa gama que va del blanco (sin asomo de sombras) al negro (sin guía de luz).

17 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Sí, Antonio, puede ser aconsejable, pero sabiendo siempre a lo que se juega, que los juegos del alma son muy serios.

17 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Recuerdo con agradecimiento ese día, Jesús. Y, sí, estaba abrumado, pero muy feliz en vuestra compañía.

"...el encuentro / tendría que ser fuera y estás dentro". Pocas cosas tan bien dichas y tan hermosas. Para mí, casi un divisa, y "Bromwyn", uno de los mejores regalos que pueden hacerte.

Por cierto, ¡qué sabio siempre Antonio Rivero Taravillo!

17 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Alfredo, me comentaba Enrique Andrés Ruiz algo muy parecido. Y creo que tenéis razón los dos. Para ti, esa inclinación hacia la línea clara deja entrever si el poema es trivial o no. Para él, a mayor legibilidad, mayor posibilidad de descubrir las posibles imposturas. Debo reconocer que había pasado por alto lo útiles que pueden ser la claridad y la legibilidad a la hora de facilitar el juicio del lector. Tampoco te falta razón cuando señalas esas diferencias entre "Europa" y "Las trincheras". Yo mismo he relacionado el primero con la luminosidad y el segundo con la oscuridad (no con la oscuridad de que hablamos aquí). Parece como si uno celebrara la mañana y el otro la tarde. Lo que no puedo evitar es mi preferencia por el segundo. Y en cuanto a Luis Alberto, decirte que esa identificación con Horacio seguro que le encanta. Ama la poesía de Horacio y se siente horaciano.

Gracias de todo corazón por la lectura que haces de mis poemas.

17 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Alberto, "Eros es más", el último libro de Juan Antonio, es excelente. Lo acabo de leer y creo que contiene poemas ejemplares. Las cualidades que dices, verdad y transparencia, le cuadran muy bien. En cuanto a Carlos y Vicente, disiento un poco: no creo ver en ellos ese giro deliberado hacia la oscuridad. En mi opinión, sus poéticas han evolucionado de manera lógica, sin ser forzadas. En sus primeros libros ya está la semilla de lo que vendría después. Esos primeros libros son magníficos y poco parecidos a los del resto de su generación, y los más recientes tienen una gran intensidad, y también me parecen magníficos y verdaderos. Creo, además, que son de esas personas que no podrían escribir desde la insiceridad.

17 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Muchísimas gracias, Monsieur Tiffauges, y bienvenido.

17 mayo, 2007  
Anonymous CB said...

Hace poco leía ese conocido pasaje de los Soliloquios de San Agustín, en el que dice «No te hallaba, Señor, por fuera, porque mal te buscaba fuera, pues estabas dentro», y recordé los versos de Cirlot que mencionáis, con su desolador principio: "Nunca te encontraré porque el encuentro..."
Encuentros fuera, encuentros dentro...sigo dándole vueltas.

17 mayo, 2007  
Blogger Odiseus said...

Europa es ciertamente un libro diurno. Y como tal, te genera el deseo de leer otro y otro poema. Un constante "qué viene después" "qué más trae este día". Tú mismo, pareces apresurado a pasar a lo que sigue, seguir caminando en un paraje siempre claro. En general, no aparecen los poemas más extensos de Trincheras.
En cambio la tarde es más reflexiva, te permite atrincherarte, releer. Avanzar un poco, y después regresar. ¿Qué será de ese viajero que llegó a la torre, y se quedó atendiendo las pocilgas? Leemos el poema del puente, y pensamos, "seguro ese viajero estuvo en ese puente, se cansó de algo, huyo, llegó a la torre... Y regresamos, releemos los sueños de la princesa y la llegada casi inútil del viajero. No se levanta el velo. Seguimos adelante. Pero luego nos enteramos que las torres son orgullo. Y decimos, "volvamos, una lectura más." ¿Será el orgullo lo que mantiene a la princesa apartada del viajero? No es seguro. A lo mejor es simple ignorancia. A lo mejor hay demasiado luz, arriba en la torre. Quedan dos opciones, cegarse como Edipo, o cerrar los sentidos incluso enfrente de la luz, ser un cerdo ciego incluso en las alturas, como el Estilita: y entonces releemos el Estilita, uno de los poemas más claros del libro, y sin embargo, muy distinto a Europa.
Digamos que la tarde en las trincheras nos invita a doblarnos y, al mismo tiempo, deshilvanar el alma.

En cuanto a Luis Alberto, qué gusto haber acertado en mi lectura. Mi latín aún no me permite disfrutar a Horacio en el original (pero pronto!) así es que lo leo casi siempre en traducciones al inglés. Las de David Ferry me parecen las más acertadas, pero a veces son débiles. Esa debilidad la suplo con el caos versolibrista de las versiones de Burton Raffel. Los poemas de Luis Alberto me han dado el orden de Ferry y la osadía de Raffel.
Sólo un par de versiones de Basil Bunting logran lo que me ha dado Luis Alberto en sus libros. Tardé un poco más en cogerle gusto (en esa antología, en cuanto leí tus poemas, doblé las páginas y dije: que delicia que un poeta vivo hoy pueda lograr esto en un mundo en el que la poesía se ha vuelto extravagancia) que a tus poemas. Pero ambos se han vuelto para mí en un respiro de aire fresco (aunque más reflexivo recientemente), en un país en el que no encuentro aún a un poeta que por más malabarismos, alcance, poéticamente hablando, la prosa de Rulfo. Y todavía no veo como el verso libre en castellano (al menos en mexicano) pueda suplir prosa de esa calidad.

Podría seguir "pontificando" sobre la necesidad de servirse de todas las armas del verso tradicional, pero creo que este post se ha pasado de largo.

Gracias por tus torres, tus cerdos, tu princesa, y aquel empedernido estilita.

17 mayo, 2007  
Anonymous acton said...

¿Pero dónde está el fuera y dónde el dentro /
del laberinto que no tiene centro?

18 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Odiseus, esa lectura tan paciente y atenta de Las Trincheras es la que todos los poetas querrían para sus libros. Te la agradezco, porque incluso a mí me ha ofrecido pistas (unas estaban ahí, en el subconsciente, bajo la superficie, inadvertidas; otras se habían borrado con el paso de los años).

Leer a Horacio, aunque sea en inglés, siempre será una fuente de gozo. Como leer a Luis Alberto, al de las mañanas triunfantes y al más melancólico, con su permanente lección (¡tan horaciana!) de intensidad y equilibrio.

Las torres y quienes las habitan te dan las gracias. Y yo, de todo corazón.

18 mayo, 2007  
Blogger AFD said...

Julio, perdon. Tengo un par de mails, y mi post anterior slio como Odiseus. En realidad era mío. AFD

Alfredo

ps: convertí a tu doncella en princesa.

18 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

No te preocupes, Alfredo. Yo veía semejanzas de gusto y actitud bastante evidentes, pero no me atrevía a preguntarte si también eras Odiseus. Y la doncella, ¿por qué no podía ser princesa? Un abrazo.

18 mayo, 2007  
Blogger AFD said...

Quisiera agregar:

no importa lo que defendiste o defiendas. Ni importan los gestos en la plaza. Lo que importa es la poesía escrita. Un poeta, en palabras de Keats, se distingue por: "has no self—it is everything and nothing—. It has no character—it enjoys light and shade; it lives in gusto, be it foul or fair, high low, rich or poor, mean or elevated— It has as much delight in conceiving an Iago as an Imogen. What shocks the virtuous philosopher delights the cameleon poet ... A poet is the most unpoetical of any thing in existence, becuase he has no identity— he is continually... filling another Body".

24 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

"A poet is the most unpoetical of any thing in existence..."

¡Ay de los que se crean otra cosa!

24 mayo, 2007  
Blogger tosigo ardento said...

Sí, es cierto, no recuerdo en que antología leí una poética tuya en la que reivindicabas la "claridad" en poesía. Quedé muy sorprendido porque yo no creo que tus poemas de EUROPA sean "claros". Simplemente son buenos, muy buenos. Te lo puedo asegurar yo, que me paso la vida rastreando en viejas antologías buscando poetas de verdad como quien busca oro.
Creo que la discusión sobre la claridad u obscuridad en poesía es una discusión inútil, viciada, desde un principio. Como tú bien dices, uno no puede escribir poesía pensando en que ha de ser claro o no para que le entiendan mejor o peor.¿Para qué le entienda quién? Es lo que hablábamos el otro día: uno ha de olvidarse por completo del lector potencial; uno ha de ser "egoista" al máximo cuando escribe poesía.
La única distinción que se puede establecer en Poesía es entre BUENA o MALA poesía. Y puede haber poemas "claros" buenos y poemas claros muy malos. Y lo mismo con los "oscuros".
Lo que sí ha habido, sobre todo en los últimos años, es mucho poeta mediocre (o incluso, malo) oculto entre la maraña de la oscuridad poética. Mucho falso imitador de Eliot o de Pound. Y a gusto te diría unos cuantos nombres que me vienen ahora mismo a la cabeza, pero quita, no vaya a ser que estén escuchando (y la gente es muy sensible en estos temas).
Y asimismo y en el otro extremo, dentro de lo que se llamó "poesía de la experiencia", la trivialidad más estúpida se dio cita y se regodeó.

Pd: mañana recojo tus TRINCHERAS en Correos, junto con EL ORÁCULO INVOCADO de Barnatán. Ya te contaré...

12 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Tu diagnóstico es muy acertado, Alfredo (tosigo ardento). Creo, además, que, durante esos años, se teorizó mucho y se escribió demasiado siguiendo el dictado estricto de las diferentes poéticas. Lo positivo de todas esas polémicas es que, a su manera, ayudaron a reavivar el interés por la poesía.

13 junio, 2007  

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