29 mayo 2007

literatura fantástica

Iba a decir que la literatura fantástica no me interesa, salvo poquísimas excepciones. Pero no es sólo que no me interese; me produce también rechazo. Los gustos son los gustos, pero voy a tratar de explicarme los motivos de ese desinterés y de ese rechazo. La intervención de elementos sobrenaturales en este tipo de literatura me parece abusiva para la razón y contraria a la fe. Además, estas intervenciones suelen tener un carácter demoníaco y lo demoníaco resulta inseparable de lo grotesco; por lo que la sensibilidad estética, junto a la razón y la fe, también se ve atacada. En el mismo sentido, su típica inclinación por la monstruosidad me parece de muy mal gusto. El monstruo mitológico es algo que tiene o ha tenido su razón de ser. El monstruo de la literatura fantástica es un capricho. Del mismo modo, la aparición extraordinaria del monstruo ejerce una fuerza simbólica sobre la realidad. Sin embargo, su proliferación devalúa el símbolo y nos introduce en una irrealidad de guardarropía. Es decir, Kafka es Kafka, y la literatura fantástica no tiene nada de kafkiano, es pura exterioridad. Si a esto añadimos su deshumanización, su tendencia a desfigurar y ofender el cuerpo humano, tan propia de la caricatura, tendremos casi completo el cuadro. En fin: si veo aparecer unas orejas puntiagudas en una cabeza presumiblemente humana, paso a otra cosa.

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21 Comments:

Anonymous Antonio Azuaga said...

Y harás muy bien. Uno está harto de tanta "fantasía" y tan poca enjundia. La imaginación debe ser un instrumento de modificación o de interpretación del mundo, no una gimnasia de ocioso aburrimiento.

29 mayo, 2007  
Blogger E. G-Máiquez said...

No puedo estar más de acuerdo. Por esto tardé tanto en leer El señor de los anillos. Al fin lo hice por amistad y admiración hacia los poetas de Númenor. Me gustó, o sea que fue la excepción a la regla, quizá porque seguía palpitando esa fuerza simbólica sobre la realidad a pesar de la proliferación de orcos y demás bichos.

29 mayo, 2007  
Blogger Dal said...

¿También con Tolkien? ¿Y con Borges? ¿Y con Homero?

29 mayo, 2007  
Blogger Bukowski said...

Yo me sumo a la pregunta de Dal, aunque Homero es otra cosa...

29 mayo, 2007  
Blogger AFD said...

Me sumo a la pregunta con: Borges, la pequeña mitología (Grimm) y algunos cuentistas románticos: Goethe (Nueva Melusina, ect), von Chamisso, Motte-Fouqué...

Y más que Homero, Ovidio ( que a veces parece escribir como retando los primeros versos del Arte Poética de Horacio: Caballo con cabeza humana, mujeres-pez. etc.)

Saludos

30 mayo, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

¿y el ciclo interplanetario de Lewis, la trilogía de Ransom?...

30 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

En mi texto ya aclaraba que la mitología es otra cosa, como son otra cosa las culturas en las que resultan naturales las presencias sobrenaturales. Por eso, Homero y Ovidio quedan al margen. Un no creyente, según ese punto de vista, podría considerar literatura fantástica las obras de Berceo, porque habla de milagros, e incluso la Commedia. Exagerando, buena parte de la literatura universal sería literatura fantástica, y no es ése el caso. (Lo sería Ariosto con más motivo que Homero, y tampoco es el caso).
Voy a ceñirme, pues, al género literatura fantástica, que es un género contemporáneo (nace, más o menos, en el alba del Romanticismo, sean los que fueren sus orígenes). Y, aquí, quizá cabría hacer algunas aclaraciones. Hay obras que se consideran del género y que para mí, al menos, no lo son. Por ejemplo, algunas de Kafka y de Borges, invadidas por la extrañeza. Otras, sobre todo en el diecinueve, recrean motivos de la tradición que pueden ser considerados fantásticos, pero su ánimo es ése, el de la recreación y, para mí, tampoco pertenecerían al género. Sí pertenecerían todas aquellas en las que aparecen (por aparecer) fantasmas y espíritus diversos y todas aquellas que se proponen crear universos paralelos poblados de monstruos y de réplicas deformadas de la humanidad (de este lado caería también cierta ciencia-ficción, no toda). Y, siguiendo con los nombres que han aparecido en los comentarios, Tolkien entraría de lleno en el género (y en las excepciones de valor, por los motivos que apunta Enrique); mientras que Lewis, afortunadamente y a pesar de algunos indicios, no formaría parte de esa secta.

30 mayo, 2007  
Blogger samsa777 said...

¡Pobres de Homero y Borges! ¿Por qué incluirlos en un cajón de sastre como ese? Son, en sí mismos, géneros literarios autosuficientes.

Siempre me ha encantado tu imagen del personaje de orejas puntiagudas.

Besos

30 mayo, 2007  
Blogger Dal said...

Aceptada la precisión (aunque para mí Polifemo encajaría en lo que criticas). Deduzco entonces que no te gusta Lovecraft, y tampoco (y esto me extraña más) el Henry James de "Otra vuelta de tuerca" o de "Los papeles de Aspen".
Si acabas reduciendo el concepto de literatura fantástica casi a lo caricaturesco, lo compartiría. Si no, no rechazaría un género que cuando no sirve para expresar con símbolos lo inefable, se limita a provocar felicidad sin más comtemplaciones.

¿Podrías sostener lo mismo del cine? ¿no hay película de ciencia ficción que aprecies?

Coda: Me acuerdo de Borges cuando le preguntaron su opinión acerca de la "literatura comprometida". Dijo que le sonaba igual que si se hablase de "equitación protestante". Hay buena o mala literatura.

30 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

No, Polifemo no encaja en lo que critico. El de Homero forma parte de la mitología y el de Góngora pertenece a una mitología heredada. Y, sí, Lovecraft no me dice gran cosa. Para mí, es pura confusión, ¡qué le vamos a hacer! En Henry James, sin embargo, coincidimos. Y coincidimos también en que no se puede reducir un género, sea el que fuere, a lo caricaturesco. Éste se presta a ello mucho más que otros, pero ni así estaría justificada esa actitud. En cuanto al cine, ¡claro que aprecio y mucho algunas películas de ciencia-ficción!(género cuya vertiente literaria no incluía por completo dentro de la literatura fantástica). Entre otras, "Blade Runner" y "2001" me parecen obras maestras. Y también algunos clásicos de la serie B, entre la fantasía y la ciencia ficción, como "El hombre que tenía rayos X en los ojos" y "El increíble caso del hombre menguante". Totalmente de acuerdo con Borges, pero su respuesta no cuestiona la existencia de los géneros literarios, sino el valor y la importancia real de ciertas actitudes. Y totalmente de acuerdo contigo: hay buena y mala literatura (y de ahí habría que partir), pero esa distinción básica no hace desaparecer los géneros literarios ni los pone todos a la misma altura. Si acaso, nos sugiere que se pueden encontrar grandes obras dentro de cualquier género, y en eso también estamos de acuerdo.

30 mayo, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Ante ciertas manchas de la piel, un buen médico de cabecera te manda al especialista: pudiera o no ser cancerígena. El cáncer es una hipérbole de la naturaleza para su propia destrucción. En mi modesta opinión, las “manchas” se están en este caso desvirtuando. Yo no entendí nunca esta entrada como la perentoria necesidad de “enviar al especialista” a Borges, Homero, Ovidio, Kafka…, sino como el alegato contra una enfermedad creciente (demasiado creciente en nuestros días) y destructiva de la fuerza real de la imaginación (tan imprescindible, por otra parte, como la inteligencia) para que el hombre se acerque más a su grandeza, se aleje más de su demonización (o embalsamamiento mental que, a lo peor, es de lo que se trata).

30 mayo, 2007  
Blogger AFD said...

Nunca he podido leer completo el ciclo de Tolkien, pero tiene un ensayo sensacional sobre los cuentos de hadas. Su argumento central es que los cuentos de hadas son, en muchos sentidos, "evangelio", un buena nueva: el final feliz (la idea de que al final volverá el orden), un relación entre hombres y animales similar que recuerda a Isaias, ect.
Por otro lado, si recinocemos y sentimos el valor de la mitología antigua (grecolatina), daos un paso hacia reconocer el valor de los cuentos de hadas, que son los restos de las mitologías y religiones no grecolatinas de Europa antes de triunfo del cristianismo... De cierta manera disminuidas ero también enriquecidas por el cristianismo.
El caso es que yo no dejo a Grimm y a Perrault. Incluso prefiero dejar los cuentos de Borges y quedarme sólo con su poemas.

En el caso de los ciclos de novelas en mundos inventados por mis contemporáneos, es decir, la actual literatura fantástica, estoy con Julio, y me causa sopor. Aunque me imagino que ha de ser mucho más divertido escribir esos ciclos que leerlos. Lovecraft tampoco me emociona. En cambio prefiero La Olla de Oro del irlandés James Stephens al Ulises de Joyce.

Saludos

31 mayo, 2007  
Blogger Rocío Arana said...

Pues a mí me entusiasma Tolkien y es algo irracional, mítico. Y, lo que son las cosas, la película ha llegado a hartarme y a crear en mí rechazo. Pero el libro, ah, el libro.

31 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Alfredo, aunque aprecie, y mucho, los cuentos de Borges, también prefiero sus poemas. No he leído a James Stephens, pero, si lo hago, seguro que coincidiremos.

31 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

La película abruma un poco, Rocío. Yo sólo pude ver diez minutos.

31 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Antonio, ése es el caso: desconfío del tipo de imaginación que prevalece en muchas obras de este género.

31 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

¡Y tanto que sí, Francisco! Además, es muy borgiano decir que Homero y Borges son, en sí mismos, géneros literarios autosuficientes.

31 mayo, 2007  
Blogger AFD said...

En cuanto a la película del Anillo, vi sólo la primera parte. Me aburrieron las batallas y me agotaron los efectos de audio.

31 mayo, 2007  
Blogger Juan Ignacio said...

Otra diferenciación: creo que la literatura fantástica a la que te refieres no incluye tampoco a los cuentos de hadas como los entienden Tolkien o el mismísimo Chesterton.
Saludos.

01 junio, 2007  
Anonymous julio said...

Es así, Juan Ignacio. Lo cierto es que, cuanto más se profundiza en el asunto, más excepciones aparecen.

02 junio, 2007  
Anonymous Kiko said...

Hay una problema constante en la literatura fantástica. Muchas veces banaliza y vacía de significado precisamente lo fantástico, literalizándolo. Convirtiéndolo en algo trivial.
Siempre tiene algo del poder de las criaturas o los hechos que retrata. Pero con un énfasis muy materialista, tratando los misterios como problemas a resolver...
Una excepción puede ser M. Night Shyamalan, que con películas como la Joven del Agua quiere reencontrar el énfasis simbólico y misterioso obteniendo, la mayor de las veces, pura incomprensión.

08 junio, 2007  

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