10 mayo 2007

las infinitas rosas

Cinco rosas menos en el jardín y cinco rosas más en el salón. ¿De dónde saldrán tantas rosas? Bueno, la verdad es que apenas miro el jardín. Habrá más de las que pienso, más de las que se ven a primera vista. Mi culpable desinterés sólo ve unas cuantas, pero, al parecer, su número es infinito. Cae entre mis manos, al azar, un libro de Jünger y, hojeándolo, me encuentro con la célebre cita de Nietzsche: “El desierto crece: ¡ay de quien alberga desiertos!”. ¡Qué casualidad! El desierto. Otra vez el desierto, me digo. Esa frase, para Heidegger, definía el nihilismo de Nietzsche; otros tienen sus dudas. El desierto puede ser aniquilador, anonadante, pero compadecer a quienes lo llevan consigo sólo puede ser moral (por el hecho de compadecer, no por la valoración que se haga del desierto, que eso daría para mucho y para más). Es probable, pues, que esas palabras no sirvan como emblema del nihilismo. Reparo en algo que hasta este momento me había pasado inadvertido: “... y el desierto / es ahora tan grande como el alma”, escribí allá por el 96, y a mí no me gustaría tener nada de nihilista. Pienso: todo esto se referirá, naturalmente, a otros desiertos y a otras almas… Miro las moribundas rosas y me decido a seguir con Jünger: “Está bien que la Iglesia pueda crear oasis y mejor aún que el hombre no se contente con ello...” Bien. Están bien las dos cosas, ¿por qué no? Sigo con la lectura: “La Iglesia puede ofrecer asistencia, no existencia”. ¿Qué será eso de la asistencia? ¿Y la existencia? ¿Qué o quién puede ofrecer existencia? Esa existencia, además, me suena a cosa titánica, excesiva, existencialista… En cuanto a la Iglesia, me digo, basta con que ofrezca vida. “Por su aspecto institucional (el de la Iglesia), nos encontramos siempre a bordo de la nave, todavía y siempre en movimiento: la calma, la quietud está en el bosque”. El bosque, el claro del bosque, la emboscadura, la huída al bosque, como ésta que predica Jünger para su hombre rebelde… Canetti dice que el símbolo del pueblo alemán es el bosque. Claro, dice también que el símbolo del pueblo español es el “matador”, por lo que me temo que el primer símbolo no debe de tener mucho más valor que el segundo. Pero sí, lo cierto es que el bosque aparece mucho en la literatura y la filosofía alemanas. Sigo con Jünger: “El desierto crece; aumentan los anillos estériles y pálidos, mientras van desapareciendo los jardines en los que, confiadamente, recogíamos los frutos … Las leyes van siendo inciertas… ¡Ay de quien alberga desiertos! ¡Ay de quien no lleva consigo, aunque sólo sea en una célula, ese poco de sustancia originaria que asegura continuamente la nueva fertilidad!” Esto tiene otro aspecto, pero dejo ahí la lectura. Dando tantas vueltas a unas cosas y otras, sólo he podido avanzar diez líneas. Seguro que es de noche en los bosques de Alemania. Aquí ya lo es, y pienso en las cinco rosas siguientes, que aguardan afuera, en la oscuridad del jardín.

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17 Comments:

Blogger Jesús Beades said...

"Las cinco rosas siguientes"... qué sugerente.

Ese poema tuyo que termina "nada se interpondrá entre nada y nada", me pareció nihilista, pero nos dijiste que no, que nada más lejos. Aunque no lo entendí. Era muy bueno, muy "eficaz" como poema, y por eso me dejaba desolado. ¿te avendrías a algo tan triste como "explicar" un poema?... O algo parecido.

10 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

En los poemas de "Entre el muro y el foso" hay más de un "nada", mucha negación explícita (o implícita en las palabras, mucho "in-"). Son cosas de las que me fui dando cuenta poco a poco, según iba viendo el conjunto con cierta perspectiva. El poema que dices, Jesús, es eso, un poema desolado. Sus "nadas" no niegan ni el bien ni su posibilidad, no niegan ni la esperanza ni la trascendecia; no están ahí para negar ni lo verdadero ni lo bueno ni lo hermoso; son sólo juicios que recaen sobre el alma. Así, a vuelapluma, te diría que el libro, entre otras cosas, tiene algo de eso, de juicio del alma.

10 mayo, 2007  
Blogger Jesús Beades said...

Pues lo buscaré ya, que tengo unas ganas... Gracias por la "explicación".

10 mayo, 2007  
Anonymous CB said...

Me asustas, pareces Barbarrosa. Pobres rosas esperando a oscuras. Tu amigo Acton diría que es muy poco halagüeño tener que ser cortada para ser mirada...
Bueno, yo a lo que venía es a que le pases un recadito: Dile que, consultado el diccionario de la RAE, la palabra "pidona" existe, o vive, si te gusta más, que veo que le tienes manía a lo de la existencia.
Dile también que "pidona" era más adecuado que "pedigüeña" porque, como de su sonido se desprende, la pidona pide mucho pero de una sola vez, mientras que la pedigüeña pide poquito pero muchas veces. Y no era el caso.
Indulta a las rosas, sé bueno.

11 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

¿Pedigüeña? ¿Pidona? Pues no sé a qué te refieres, Cristina. Si entiendo bien, es algo que ha dicho Acton. Repaso entradas y veo que no se ha asomado por aquí últimamente. Ya me diréis de qué se trata.

11 mayo, 2007  
Blogger E. G-Máiquez said...

Me pido contestar a esto: las etimologías de CB se deben a una conversación a tres bloggs, que empezó en Baltanás, pasó por el mío y por ahora acaba aquí... Tienen mucha gracia esos saltos, porque demuestran que estamos de tertulia.

Dicho lo cual, yo venía a felicitarte, Julio, por las infinitas rosas. Gran texto y aguda observación. Mucho lirismo con las rosas, pero qué a menudo se nos escapa su épica, su resistencia y su fecundidad.

11 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Enrique, vengo de ver precisamente "Rayos y truenos" y ahí me he encontrado con el "pedigüeña" de Acton. Había visto los comentarios de CB a vuestras dos entradas, la de Enrique y la tuya, pero lo de Acton todavía no. ¡Todo aclarado!
En cuanto a las rosas, ¡pobres rosas! No puedo indultarlas, porque no soy yo quien las corta. Hoy, irá también de rosas la entrada. Mil gracias por lo que dices de ellas y por tu felicitación, Enrique.

11 mayo, 2007  
Anonymous acton said...

Yo, por mi parte, ya me he disculpado con CB. Fui un poco impertinente. Me sonó raro lo de "pidona" y le sugerí "pedigüeña". La RAE da la misma definición para las dos palabras: "Que pide con frecuencia e importunidad".

11 mayo, 2007  
Anonymous CB said...

Sí señor, con importunidad, como recomienda Lucas 11, como el que pedía a su amigo tres panes en medio de la noche: Por eso pedí un libro y recibí dos.
No hay de qué disculparse, Acton (aunque veo que sigues fiscalizando desde el banco de atrás, o que le has quitado el sitio a tu compañero, que esto es un lío): las visitas al diccionario son siempre útiles. Gracias pues, es un placer.

11 mayo, 2007  
Anonymous El amigo de Kiekegaard said...

Qué lejos está del nihilismo, creo yo, aunque lo parezca, aquello de SK de "no hay ningún saber del bien ni del mal, sino que la realidad entera del saber proyéctase en la angustia como la ingente nada de la ignorancia"

11 mayo, 2007  
Blogger AFD said...

Por mi parte, Julio, siento que tu desierto es mucho más una noche oscura y/o un estoicismo extremo (quizás ante el juicio inminente del alma, como dices), pero nihilismo no. Si acaso lo que sugieren tus poemas es que en esa noche oscura el temperamento religioso se aproxima al temperamento nihilista... Quizá pronto empiecen a brotar rosas en tu desierto. Por desgracia, para nosotros, a lo mejor entonces enmudezcas, como Santo Tomás.

En fin, tus Cuestiones Naturales III se merecen integrarse a las mejores antologías de poesía mística en castellano.

Alfredo

11 mayo, 2007  
Anonymous César Utrera-Molina said...

Aunque soy lector y admirador de Jünger no suscribo la imagen del desierto como imagen o metáfora nihilista. A través de Bowles admiré la finura con la que los franceses llamaron a la experiencia del Sahara y por extensión al desierto, el "bautismo de la soledad". La soledad y la monotonía del desierto potencian la percepción de otras cosas, el silencio, las estrellas en la noche, el sonido del viento, las rosas en las fronteras del oasis. No existe nada en la naturaleza creada que no nos remita a algo. El vacio no existe salvo como tentación. CUMG.

11 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

César, suscribo esa imagen positiva del desierto, como símbolo y como realidad. En cuanto a Jünger, a quien también admiro, me cuesta a veces acompañarlo. Tiene páginas a las que siempre se desea volver y otras en las que dices: "no sé por dónde vas o adónde quieres ir; mejor no te sigo..."

12 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

Gracias, Alfredo, por tu comentario y por ese elogio tan inmerecido de Cuestiones Naturales III. Espero no enmudecer del todo, aunque, por otros motivos, mi tendencia siempre ha sido ésa, la de escribir cada vez menos.

12 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

En absoluto es nihilista esa frase, amigo de Kierkegaard, siempre que esa angustia, en la que el saber equivale a nada, no impida, no ofusque el discernimiento entre el bien y el mal (siempre anterior a la "realidad entera del saber").

12 mayo, 2007  
Anonymous César said...

Algo parecido he experimentado con Jünger en algunas de sus obras. Tempestades de acero (recomendación del maestro Juan Antonio Presas, un pintor que en lo suyo se parece a lo tuyo en la literatura)es uno de los mejores libros/diarios de guerra de la historia, sin embargo sus libros de memorias tienen momentos deslumbrantes y otros perfectamente anodinos, de sus libros de ensayos dudo de si merecen o no. Lo cierto, es que desde Tempestades no he podido dejar de leerle porque de algún modo era un mapa para tratar de comprender mejor los entresijos del siglo anterior (También vale para Mircea Eliade). Me desconcertó (y alegró desde luego) leer la noticia de que se había convertido al catolicismo antes de su muerte y si fuese cierto sería un curioso signo del tiempo que representó en mayúsculas.

No quiero terminar sin agradecer sinceramente la generosidad con la que nutres el blog entrada a entrada y la deferencia de tus respuestas. CUMG.

12 mayo, 2007  
Anonymous julio said...

"Tempestades de acero" fue el primer libro que leí de Jünger y el que más me ha conmovido de los suyos: te sumerge literalmente en las trincheras. Tuve una época en que leía cosas suyas muy a menudo. Prefiero sus ensayos a sus diarios, aunque siempre he encontrado en éstos reflexiones enriquecedoras. Sea como fuere, es uno de los grandes del veinte.

Soy yo quien debe mostrarse agradecido, César: es un placer conversar con vosotros.

13 mayo, 2007  

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