25 abril 2007

todo o nada

“L’amour à demi fidèle, c’est une aimable plaisanterie, tout comme la demi-sincérité ou la demi-confiance, confiante à moitié, ou la petite vertu. Car l’amour ne connaît qu’une mesure: le Maximum; qu’un degré: le Superlatif; qu’une seule loi: le Tout-ou-Rien.” (Vladimir Jankélévitch, Les vertues et l’amour, 1970).

El amor medio fiel no deja de ser una broma amable, como la sinceridad a medias, la medio confianza o la pequeña virtud, porque el amor sólo conoce una medida: lo Máximo; sólo un grado: el Superlativo; sólo una ley: Todo o Nada... Yo lo pondría aún más difícil que Jankélévitch: sólo puede haber en la vida un máximo, un superlativo y un todo o nada; es decir, sólo puede haber un amor. Si hay varios, ninguno es amor. El amor excluye el antes y el después. Cuando aparece, nos damos cuenta de que no era amor lo que creíamos amor. Cuando aparece, negamos cualquier epifanía futura del amor.

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10 Comments:

Anonymous El amigo de Kierkegaard said...

¿Valdría lo que dijo el insigne danés?: "La pureza de corazón es querer una sola cosa".

25 abril, 2007  
Anonymous julio said...

Y perseverar. Es decir, ser fieles a esa sola cosa y a la elección que hicimos de ella.

26 abril, 2007  
Blogger Juan Ignacio said...

En lo único en que se nos permite el exceso es en el amor.

Todos los extremos son malos, excepto el amor extremo.

26 abril, 2007  
Blogger AnaCó said...

Lewis diría que eso es válido para un tipo de amor, el amor esponsal, pero hay más amores. La pureza del corazón entonces estará en amar bien cada cosa o a cada persona, según la naturaleza del amor y el orden debido a cada uno de ellos.

26 abril, 2007  
Blogger Juan Ignacio said...

Es para mí un honor que así lo haga Lewis a través de Anacó.

Al soltar yo esas palabras (sin antes siquiera decir qué gran texto es el que trajo el blogger que nos convoca), yo pensaba en el mayor amor, el que estamos llamados a imitar (o a pedir que se nos de la gracia de poder imitar). Ese al que se refiere el evangelista cuando dice: "los amó hasta el extremo".

26 abril, 2007  
Blogger Juan Ignacio said...

Me averguenzo un poco del comentario anterior que hice.

Es que yo leí los comentarios en orden sucesivo y entendí que Anacó se refería al comentario anterior, que era el mío. Mas entiendo ahora que se refiere al texto de la entrada.

Por cierto, es un gusto encontrar estos textos magníficos de autores tan tan fuera de lo acostumbrado (al menos para mí).

Gracias.

26 abril, 2007  
Anonymous julio said...

Juan Ignacio, sea como fuere, esos textos necesitan buenos lectores como vosotros.

26 abril, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

Tal vez ocurra que el amor no es más que nuestra sombra sobre el mundo. Y uno siempre cree que el “uno que ahora es” es el único “uno”, el mismo “uno” que ha sido siempre. Tengo una duda humeana: ¿y si no hay un yo constante? Siempre creeremos que el último es el único yo; su sombra, la única sombra; su amor, el único amor. Tal vez, amigo Julio, esperamos del amor más que de nosotros mismos. Tal vez la sombra es tan sutil, es tan nada como el volumen que la proyecta, como el yo que… ¿somos?

28 abril, 2007  
Anonymous julio said...

Te echaba de menos en esta empresa, querido Antonio. Supongamos que, como dices, no hay un yo constante: el yo actual conocería muy bien a sus predecesores y querría, en lo que al amor se refiere, que los futuros fuesen como él se ve ahora. ¿Que estaría equivocado? ¿Y qué? Sólo sabrá después si se ha equivocado o no y ese "después" queda ahora, en la actualidad del amor, muy lejos de sus cálculos.

29 abril, 2007  
Anonymous Antonio Azuaga said...

No sé; sea la eternidad del ahora en un yo inconstante, sea un yo constante en la esperanza de una eternidad sin cortapisa, lo cierto es lo que dices: en el amor no valen medias tintas.

29 abril, 2007  

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