14 abril 2007

religión y desdicha

Fue Enrique Andrés Ruiz quien llamó mi atención sobre Karl Barth (1886-1968) y Der Röemerbrief (1919-1922), hablándome de la emoción intelectual y espiritual que le suscitaba cada una de sus páginas. Le parecía extraño (y a mí también me lo parece) que este texto fundamental se hubiese traducido tan tarde al español. Con la confianza nunca defraudada que tengo en Enrique, me sumergí de inmediato en su lectura y, de inmediato, comprendí el entusiasmo de mi amigo y participé de él. A un protestante, la obra de Barth le ofrece la posibilidad de confirmar los argumentos de su fe a través de una exposición exigente y de un lenguaje inspirado y radical; a un católico, como es mi caso, le mantiene siempre alerta y en vilo, mientras le lanza innumerables preguntas al centro del alma. A cualquier cristiano, protestante o católico, le atañen las líneas que siguen:

“La realidad de la religión es lucha y escándalo, pecado y muerte, demonio e infierno. En modo alguno saca al hombre de la problemática engastada en los términos culpa y destino; por el contrario, lo sumerge más en ella. No le aporta solución alguna para la cuestión de su vida, sino que convierte al hombre en enigma insoluble para él mismo. Ella ni lo salva ni le descubre la salvación; más bien, hace patente su situación de irredento. La realidad de la religión no pretende ser objeto de disfrute o de celebración; al contrario, quiere que se la lleve como yugo duro, porque no es posible quitárselo de encima. No se puede desear, encarecer o recomendar a nadie la religión: ella es una desdicha que irrumpe con necesidad fatal en ciertos hombres y pasa de ellos a otros. Ella es la desdicha cuya presión empujó a Juan el Bautista al desierto para predicar la penitencia y el juicio, cuya presión hace que un suspiro prolongado tan conmovedor como la segunda carta a los corintios quede plasmado en palabras, cuya presión consigue que una fisonomía como la de Calvino llegue a ser lo que fue al final. Ella es la desdicha bajo la que probablemente tiene que suspirar en secreto todo el que se llama hombre.” (Karl Barth, Carta a los Romanos, tr. de Abelardo Martínez de la Pera, BAC, Madrid, 1998)

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8 Comments:

Blogger Emilio said...

Con lo de la cara de Calvino yo creo que se le ha ido la mano, ¿eh?

14 abril, 2007  
Anonymous julio said...

Quizá lo de Calvino sea un toque de dramatismo innecesario.

14 abril, 2007  
Anonymous CB said...

Ser hombre y desdicha

Esto es lo que leo en el conmovedor suspiro de la segunda a los corintios:
"La tristeza según Dios, en efecto, produce un arrepentimiento saludable que no hay que lamentar; es la tristeza según el mundo la que lleva a la muerte"

Luego todo es tristeza. Por algo el "Beatus" siempre lleva un "ille" detrás. Y entre la una y la otra, yo prefiero la primera, que al final sí descubre la salvación y lo que hace patente es la situación de redento.
En mi humilde opinión y sin el menor ánimo de polemizar, y menos a estas horas.

15 abril, 2007  
Anonymous julio said...

Esa desdicha es también gloria, desde luego, pero no deja de ser tribulación, angustia, temor (en el orden físico y en el espiritual). La segunda a los corintios (sobre todo 11,23-29)ilustra al respecto. Desdicha gozosa, seguramente.

15 abril, 2007  
Anonymous Boscán said...

Esto de los blogs tiene un defecto (que es, sin duda, ventaja para sus autores), y es que sólo uno tenga la iniciativa de la propuesta, si se me permite usar un término jurídico.

¿Por qué no buscar una cita o un versículo en que se manifieste el gozo de Dios? El protestantismo arrastra la tristeza y la angustia, la culpa, que no puede descargarse en un acto tan simple como el sacramento de la confesión.

Mal clima tienen en el Norte. Entre la Römerbrief y L'ètre et le néant hay un frágil tabique.

Prefiero la dicha que, a pesar de sus sufrimientos, rezuma en San Juan de la Cruz, a esos laberintos de un suizo abrumado por la angostura de sus paisajes y... de la fisonomía de Calvino.

Julio, ¿nos buscarás una cita sobre la alegría de Dios para empezar la semana con buen pie?

15 abril, 2007  
Anonymous CB said...

Menos mal que tenemos a Bach, un luterano alegre:

Jesus bleibet meine Freude,
Meines Herzens Trost und Saft,
Jesus wehret allem Leide,
Er ist meines Lebens Kraft,
meiner Augen Lust und Sonne,
Meiner Seele Schatz und Wonne;
Darum lass ich Jesum nicht
Aus dem Herzen und Gesicht.

O sea:
Jesus es siempre mi alegría,
el consuelo y la savia de mi corazón,
Jesus protege contra toda pena,
Él es la fuerza de mi vida,
el gozo y el sol de mis ojos,
el tesoro y la delicia de mi alma;
por eso nunca apartaré a Jesús
de mi corazón ni de mi rostro.

(Cantata BWV 147, Herz und Mund und Tat und Leben: El corazón y la boca y los actos y la vida).

Claro, Julio, ¡arriba los corazones!, busca algo sobre la Gracia, la que prometió Jesús que nunca habría de faltar, la que llena de fuerza y alegría, la que permite cantar a los martires y no tener miedo en la desdicha... ¿Qué dice Barth de la Gracia?

15 abril, 2007  
Anonymous julio said...

Completamente de acuerdo, Boscán y CB, siempre que la dicha no sea autocomplacencia (igual que la desdicha no debe ser desesperación).

15 abril, 2007  
Blogger Juan Ignacio said...

Dramático.

Para el que sufre no hay palabras, sólo la compañía, el "sufrir con".

Con la esperanza de poder darle amor, y que al ver el amor vea el rostro del Señor.

Saludos.

19 abril, 2007  

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