11 abril 2007

elogio del desierto

De un alma se puede decir que es un desierto, pero, de otra totalmente distinta, no se podrá decir nunca que es un jardín y, menos, un vergel. Al alma le van bien esas referencias a la desolación, aunque me parece que el desierto nunca lo es demasiado, que se queda corto cuando se lo compara con el alma. Seguramente, porque ese desierto físico que vemos no es el verdadero desierto. El verdadero va con nosotros y, cuando nos encontramos en el otro, sus extensiones nos parecen sólo una metáfora mal lograda. El alma es quien decide lo que es o no es desierto y siempre querrá que sea más desierto eso que llamamos desierto. “Ninguna tierra puede gloriarse de su fertilidad tanto como el desierto”, decía, allá por el siglo quinto, Euquerio de Lyon en la Epístola a Hilario de Lérins, un elogio toda ella de los yermos, las soledades y la vida retirada. Se refería, claro está, a que el desierto proporciona abundantes frutos espirituales a quienes buscan su compañía; pero, para mí, que todos esos padres del desierto ya llevaban dentro de ellos otro desierto, un desierto que esperaba la primera capa de rocío para florecer y dejar de ser desierto. Sea como fuere, bendito el desierto.

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4 Comments:

Anonymous CB said...

"Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y florezca como flor; estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Decid a los de corazón intranquilo: ¡Ánimo, no temáis! Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán.
Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa. Se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdearán la caña y el papiro.
Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán.
No habrá león en ella, ni por ella subirá bestia salvaje; los rescatados la recorrerán. Los redimidos de Yavé volverán. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!".
Isaías, 35.

De ningún alma puede decirse que es un vergel, pero sí un desierto que floreció. Los vergeles son engreídos, los desiertos saben que la flor es un milagro.
Bendito el desierto pues.

12 abril, 2007  
Anonymous acton said...

Sólo allí, en el desierto, "panem angelorum manducavit homo" (Ps 77,25).

12 abril, 2007  
Blogger Javier Sánchez Menéndez said...

No conocía la entrada, pero llego a ella.

Saludos.

24 diciembre, 2009  
Blogger julio martínez mesanza said...

¡Nunca es tarde, Javier! Gracias.

24 diciembre, 2009  

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