17 julio 2006

zacarías

Después de no creer el anuncio del Ángel, Zacarías enmudece y tiene que valerse de signos y gestos para hacerse entender. Pero los gestos no son la palabra. La duda, la negación, la incredulidad, nos hacen enmudecer, nos privan de la palabra, nos vuelven gesticulantes.

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iconos

La misma distancia que existe entre el icono y el arte que ha renunciado a toda trascendencia es la que existe entre la fe en Cristo-Icono de Dios y la ausencia de fe. El espacio y el tiempo irradiados por la luz de ambos iconos participan de la verdad y de la belleza. Donde se niega esa luz, estamos en el desierto del alma, en el que, continuamente y para alumbrar los simulacros, se encienden fuegos cada vez más fugaces.

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11 julio 2006

la historia de los azules

En 1997, Enrique Andrés Ruiz publicó Cantar de los azules, un extenso poema que habla de la pintura desaparecida, de la pintura a la que daba vida la Verdad y de las falacias que la sustituyeron. En la poesía española contemporánea nadie ha sabido expresar mejor lo que no es un simple cambio de estilo, sino una deserción del espíritu y una catástrofe moral:

(…)
Nadie vuelve a su patria.
Y nadie con colores
que imitan a los viejos
azules va a pintarme
de azul el firmamento
del porvenir, si nadie
recuerda el alto asiento
del que emanaban todas
las gamas variadísimas
desde el azul supremo.
(…)

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03 julio 2006

pietà y madonna col bambino

En la Pietà de Cosmè Tura, que puede verse en el Museo Correr de Venecia, la Madre mira ensimismada la mano izquierda del Hijo, que mantiene alzada con la suya. Mira la herida que el espectador no ve. Mientras, con la otra mano, sostiene la cabeza de Cristo. Detrás, sobre el Calvario, las altas cruces rozan el cielo. Cristo, en brazos de María, parece dormido. La expresión de su rostro recuerda el dolor del sacrificio, pero no está contaminada por la muerte. En la sala IV de las Gallerie dell’Accademia, un espacio milagroso que contiene obras de los Bellini, de Piero, de Mantegna y de Memling, podemos admirar otro cuadro de Tura, La Madonna col Bambino (o Madonna dello Zodiaco), que mi memoria, por una evidente analogía, asocia siempre a la Pietà del Museo Correr. El Niño duerme feliz en brazos de la Madre, vigilado por una mirada llena de ternura. En la parte inferior del cuadro, la siguiente inscripción: SVIGLIA EL TUO FIGLIO DOLCE MADRE PIA / PER FAR INFIN FELICE L'ALMA MIA. Despiértalo para alegrar nuestras almas; despiértalo para Tu dolor y el Suyo, para que un día vuelva a dormir en tus brazos y mires ensimismada sus heridas.

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