17 julio 2006

iconos

La misma distancia que existe entre el icono y el arte que ha renunciado a toda trascendencia es la que existe entre la fe en Cristo-Icono de Dios y la ausencia de fe. El espacio y el tiempo irradiados por la luz de ambos iconos participan de la verdad y de la belleza. Donde se niega esa luz, estamos en el desierto del alma, en el que, continuamente y para alumbrar los simulacros, se encienden fuegos cada vez más fugaces.

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