11 junio 2006

piero

El alma, que no sabe lo que quiere, a veces encuentra espacios en los que demorarse. Espacios en los que ni la luz se refiere al tiempo. Todo allí se ha detenido para ella, para el alma, que no sabe lo que quiere. Allí se siente acogida porque allí nada la distrae. Su único foco es la eternidad. El alma allí sólo puede hacer abstracción, verse naturalmente abstracta, reconocerse.

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